23/5/08

EL HOLOCAUSTO, II PARTE

LA QUEMA DE LIBROS

La quema de libros fue otro de los hechos relacionados con la historia judía dentro de la Alemania Nazi. Muchos libros, ahora clásicos de la literatura imprescindibles, fueron quemados simplemenete por el hecho de haber sido escritos por autores judios. En esta ocasión, trataremos estos hechos que marcaron un antes y un después respecto a la política propagandística y cultural de Alemania.

Bajo los adoquines de la antigua Plaza de la Ópera de Berlín, muy cerca del edificio principal de la Universidad Humboldt, yace la biblioteca sumergida. Micha Ullmann, el maestro escultor israelí que la proyectó, colocó en ella estantes suficientes para albergar 20.000 volúmenes. Sin embargo, sus blancos anaqueles permanecen vacíos.


Para los berlineses son un símbolo molesto de lo ocurrido el 10 de mayo de 1933 en ese mismo lugar. Aquella noche, 20.000 libros seleccionados por los nazis por sus “contenidos antialemanes” fueron arrojados a una inmensa hoguera en la que se consumieron, además de innumerables escritos de autores judíos, obras de Marcel Proust, H. G. Wells, Jack London, Thomas Mann...


Casi al mismo tiempo, otras quemas masivas se sucedían en Bonn, Frankfurt, Bremen, Hannover y muchas otras ciudades alemanas entre consignas “contra la decadencia moral” y “a favor de la disciplina, la decencia y la nobleza del alma humana”.

Voluntarios de la S.A. (los camisas pardas) y de las Juventudes Hitlerianas, pero también ciudadanos corrientes, destruyeron publicaciones de filósofos, científicos, poetas y escritores, considerados peligrosos y antigermánicos. La simbólica operación fue dirigida por Goebbels, ministro de propaganda, mientras proclamaba que "Alemania había comenzado a limpiarse interna y externamente". Muchos de estos autores fueron asesinados, arrestados o tuvieron que exiliarse, como les ocurrió a los 24 premios Nobel de Alemania y Austria que se refugiaron en Estados Unidos.

El propio Goebbels, ministro de Propaganda, encabezaba una caravana de coches. Rodeado de sus acólitos, empezó a vociferar ante un micrófono:
«La época del intelectualismo judío ha terminado y el triunfo de la Revolución alemana deja de nuevo paso franco al espíritu germano... Estáis cumpliendo con vuestro deber al entregar a las llamas el endiablado espíritu del pasado a estas horas de la noche. Es un acto grande, fuerte, simbólico; un acto que atestiguará ante el mundo entero que los fundamentos espirituales de la República de noviembre han desaparecido. De estas cenizas surgirá el fénix de un nuevo espíritu... El pasado muere entre las llamas. El futuro surgirá de las llamas dentro de nuestros corazones... Alumbrados por estas llamaradas, nuestro grito será: El Reich, la Nación y nuestro Führer, Adolf Hitler...»




Hacia fines de mayo se habían registrado quemas de libros en Heidelberg, Francfort, Gotinga, Colonia, Bonn, Hamburgo, Dortmund, Hanover y Salzburgo, en tanto la Gestapo saqueaba bibliotecas públicas y privadas. Los edificios fueron tomados por los nazis y convertidos en centros de agitación y propaganda, y así, los libros fueron reemplazados por armas, bombas y panfletos sin que la opinión pública se rebelara contra un atropello que también cobró víctimas en las redacciones de los periódicos opositores.



Hoy, la plaza lleva el nombre del líder socialdemócrata August Bebel. La Bebelplatz, junto a la Unter den Linden, ha vuelto a convertirse en uno de los espacios más céntricos y transitados de la ciudad. En el centro de la plaza, para que sirva de recuerdo permanente, se halla el monumento a la quema de libros, una losa de cristal a través de la cual es posible apreciar unas estanterías vacías, de un blanco clamoroso; así como una frase premonitoria de 1817 del poeta Heine (cuyo monumento se encuentra muy cerca, junto al edificio de la Humboldt, al otro lado de la avenida) que reza así: "Eso sólo fue el preludio; ahí donde se queman libros, se termina quemando también a las pesonas".




El gran poeta alemán no podía imaginar que un siglo después de su profecía, en Dusseldorf, su ciudad natal, comenzaría la quema de libros a gran escala, como corolario natural de la escalada política del recién nombrado jefe de gobierno, Adolfo Hitler, y de su ministro de Cultura, Joseph Goebbels, autor de la orden de “purgar” las bibliotecas.


Por César Gil.
Fuentes : 1. Gabriel Gasave 2. ABC. es

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