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21/1/11

HOLLYWOOD EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Gracias al cine hemos podido conocer durante décadas, en mayor o menor medida, lo sucedido durante la Segunda Guerra Mundial a menudo en gran parte desde el punto de vista de Holywood. Muchas de esas películas son parte imprescindible ya de nuestra memoria y sus protagonistas los héroes que todos en algún momento quisimos ser.

Pero la mayoría de nosotros desconocemos que muchos de esos actores tomaron además en su juventud parte activa en esa contienda, y fueron verdaderos protagonistas de las historias que mas tarde protagonizarían, testigos excepcionales de los años más importantes del siglo pasado que quisieron vivir y sentir, como cualquier otro compatriota.

Estos son algunos de los más conocidos.

Burt Lancaster - Sirvió en el Ejército de Estados Unidos. Fue Sargento en Servicios Especiales (Entretenimiento) del 5to Ejército de EEUU.

Charles Bronson - Prestó servicio en el Ejército de Estados Unidos. Sirvió como chofer de camión y más tarde como artillero de cola en un B-29. Hay historias contradictorias en su carrera.

Charlton Heston - Sirvió en el Cuerpo Aéreo de Estados Unidos como sargento radio-operador.

Clark Gable - Cuando se presentó al servicio el 12 de agosto de 1942, Clark Gable con 41 años de edad, había sobrepasado el límite de edad, pero fue aceptado. Luego, ingresó a la Escuela de Candidatos a Oficiales en Miami y se graduó como Segundo Teniente el 28 de octubre de 1942. Según algunos veteranos, le costó mucho aprobar las materias y optó por memorizar las respuestas tal como lo hacía con las líneas de los textos durante la filmación de las películas. Más tarde, fue enviado a la escuela de artillería. Algunas fuentes dicen que Gable se alistó como soldado raso y fue entrenado como artillero de bombarderos.



El General Arnold formó la primera unidad de filmación de películas (FMPU) en Hal Roach Studios de Culver City, California y al frente puso al productor de películas Jack Warner, quien fue reclutado con el rango de Teniente Coronel. Las operaciones de vuelo estaban bajo el mando del Mayor Mantz. Clark Gable fue llamado para integrarse al FMPU, junto a Alan Ladd, Ronald Reagan, George Montgomery, Van Heflin, Arthur Kennedy y otros actores de Hollywood.

A diferencia de otros compañeros, Gable fue enviado a Inglaterra para la filmación de "Combat America" siendo asignado a 351 Grupo de Bombardeo en Polebrook. Aunque no estaba obligado a participar en misiones de vuelo, decidió hacerlo compartiendo su tiempo entre el combate y la filmación de la película. Participó en 24 misiones junto a su camarógrafo y un ingeniero de sonido, filmando más de 50 mil piés de película. Alcanzó el rango de mayor, recibiendo la medalla Aérea y la Cruz Servicios Distinguidos por su participación durante la guerra.

David Niven. - Al comenzar la Segunda Guerra Mundial, regresó a Inglaterra con el propósito de reincorporarse al ejército. Su primera intención fue ingresar en la marina, pero decidió finalmente unirse a la Brigada de Fusileros.


Al finalizar la guerra regresó a Hollywood con un nuevo contrato de largo plazo y fue galardonado como "Legionario de la Orden al Mérito", el más alto reconocimiento que se le puede hacer a un soldado extranjero en Estados unidos. El Tte. Coronel David Niven recibió la condecoración de manos del General Eisenhower.

Glenn Ford
- Sirvió en la marina durante la segunda guerra Mundial y pasó a la reserva en 1950, para ser llamado nuevamente al servicio activo en Vietnam.


Henry Fonda - Sirvió en la Marina de Estados Unidos y ganó la Estrella de Bronce.

Jack Palance - Sirvió como piloto en el Cuerpo Aéreo de Estados Unidos. Asignado al 455 Grupo de Bombardeo sufrió graves heridas durante un aterrizaje forzoso en Inglaterra que obligaron a hacerle varias cirugías para reconstruirle la cara.

James Stewart - Estando en el tope de su carrera en 1940, renunció a los estudios al informarles que había sido llamado al servicio militar en el ejército. Al alistarse estaba bajo de peso, pero logró pasar hablando con los clasificadores que omitieron la diferencia de 5 libras de peso. Fue aceptado en marzo de 1941, pasando súbitamente sus ingresos de 6.000 dólares mensuales a sólo los 21 dólares, pago correspondiente a un soldado. Por sus estudios universitarios obtuvo el grado de 2º Teniente y pidió asistir a la escuela de entrenamiento de vuelo.



Mientras solicitaba su transferencia a un puesto de combate fue instructor de B-17 en Albuquerque, Nuevo Méjico. Mientras tanto solicitó un puesto en la recién formada Unidad de películas del Ejército donde filmó varias películas de entrenamiento.

En agosto de 1943 fue finalmente asignado al 445º Grupo de Bombardeo en Soux City, Iowa. Primero como oficial de operaciones del 703º Escuadrón de Bombardeo y después como comandante. Fue entrenado en el bombardero Fortaleza Volante B-17 pero fue cambiado a Liberator B-24 en pleno entrenamiento. En diciembre el 445º voló aviones B-24 a Inglaterra asignado a la 8ª Fuerza Aérea y de inmediato voló misiones de bombardeo. Fue ascendido a Mayor y en marzo de 1944 fue transferido al 453º Grupo de Bombardeo, ese mismo año recibió la Cruz de Vuelo Distinguido. Durante la guerra en Europa, voló 20 misiones sobre Alemania , particularmente en Brunswick, Bremen, Frankfurt, Schweinfurt y Berlín, como piloto de bombarderos, alcanzando el grado de Coronel y mereciendo las hojas de Roble para su Cruz de Vuelo

Distinguido por su brillante desempeño como líder durante las misiones sobre Brunwick, Alemania en 1944. Fue jefe de la 2ª Ala de Combate, de los Grupos de Bombardeo 389º, 445º y 453º. A comienzos de 1944 fue transferido al 453º Grupo de Bombardeo. Además de las condecoraciones estadounidenses también recibió la Croix de Guerre del Gobierno Francés en 1945.

Lee Marvin - Lee, sirvió como Soldado de Primera Clase en la Infantería de Marina de EEUU. Durante la batalla de Saipan, fue uno de los nueve únicos supervivientes de su unidad, pero resultó seriamente herido y permaneció hospitalizado durante un año. Por las heridas recibidas en combate fue condecorado con el Corazón Púrpura. No existen registros de que Lee Marvin hubiera participado en la batalla de Iwo Jima, pero sí que fue uno de los efectivos que desembarcó en Kwajalein y Eniwetok.



Peter Ustinov - Sirvió en el ejército británico. Fue ayudante de campo del Tte. Coronel David Niven. En el Día D, participó en el desembarco en Normandía.

Robert Taylor - Sirvió como Teniente Instructor de Vuelo en el Servicio de Transporte de la US Navy.

Tony Curtis - En 1943, a la edad de 17 años ingreso a la Marina de Estados Unidos. Sirvió en el submarino USS Dragonette y luego fue transferido al escampavía USS Proteus que estuvo en la Bahía de Tokio durante la ceremonia de rendición de Japón.

Stewar y Gable vestidos de uniforme t charlando



Por César Gil

Agradecer de nuevo la colaboración de César, que como siempre son todo un placer tener.

4/10/10

EL LSSAH EN EL FRENTE DEL ESTE

La guardia personal de Hitler desde sus comienzos, fue un elemento importante en la organización nazi. Al principio de los años 20, una unidad de 200 hombres, la “Stosstrupe Adolf Hitler”, aumentó sus efectivos hasta convertirse en las “Schutz Staffeln” (escuadras de protección), más conocidas como las SS, desde 1929 bajo el mando de Heinrich Himmler.

En 1933, creció la amenaza de atentados contra Hitler, lo que indujo a la creación de una nueva guardia personal armada, la Leibstandarte SS Adolf Hitler. Los reclutas juraban proteger con su cuerpo y su espíritu a Hitler, siendo su número de miembros de 120 y su comandante, “Sepp” Dietrich.


Seep Dietrich

Durante la invasión de Polonia en 1939, la Leibstandarte SS Adolf Hitler participó en algunos de los combates, casa por casa, más duros de la guerra. Fue su bautismo de fuego.

El comandante de la Leibstandarte era uno de los miembros del inicial Partido Nazi, el Obergruppenführer (general) de las SS, Joseph “Sepp” Dietrich. Bajo mando de Dietrich la división había luchado en 1941-42 con determinación y crudeza en el Frente Oriental y sufrió numerosas victimas, pero los oficiales y soldados supervivientes se convirtieron en unos experimentados y endurecidos combatientes e inculcaron a los nuevos reclutas los principios de combate de la Leibstandarte.

En Kharkov, en 1943; a raíz del desastre de Stalingrado, los hombres de la Leibstandarte SS Adolf Hitler tuvieron que sostener una defensa desesperada a fin de impedir el colapso total de los ejércitos alemanes en el frente del Este. Encuadrados en el primer Cuerpo Acorazado de las SS, libraron una sucesión de batallas contra el Ejercito Rojo.

Con la Leibstandarte desplegada en el Donetz, al este de Kharkov, Hitler ordenó realizar al I SS Panzer Corps un vigoroso contraataque a finales de enero de 1943 por el sudeste contra una entrada soviética. Sin embargo la confusa y peligrosa situación alrededor de Kharkov supuso el descuartizamiento de la Leibstandarte en una serie de batallas locales mientras ríos de alemanes, italianos y húngaros en retirada fluían hacia el oeste. La Leibstandarte mantenía una cabeza de puente en Chuguyev, con un frente divisionario que excedía los 100 km. Dietrich se vio obligado a enviar sus tropas en pequeños destacamentos para abrir la línea, con sus soldados enfrascados en una lucha en las condiciones climáticas más abrumadoras. Las temperaturas llegaban a veces a 20 grados bajo cero y las cegadoras tormentas de nieve reducían la visibilidad a 20 metros.


Los ataques soviéticos continuaron presionando a lo largo de todo el frente del Donetz, y la Leibstandarte se dividió en una serie de Kampfgruppen que intentaron actuar como baluartes contra la marea soviética. Los soldados SS de la Leibstandarte se negaban a retirarse o rendirse, incluso quedaban aislados por el enemigo, sin prestar atención a sus heridas, escasez de alimentos o municiones y al duro frío. Repletos de espíritu del nazismo, estaban convencidos de su supervivencia racial y profesional sobre los rusos, y adoctrinados en la creencia de que el ceder era incompatible con los principios de las SS.

El área sobre la que combatía la Leibstandarte, había comenzado a tomar una apariencia de un paisaje lunar helado, sembrado de villas destruidas, carros y vehículos carbonizados además de cadáveres insepultos que yacían congelados con formas grotescas. Pero por encima de esta guerra de desgaste y pesadilla, sobresalió uno de los mayores triunfos militares de las Waffen SS en el Frente Oriental. Aunque Hitler había ordenado categóricamente que Kharkov tenía que ser mantenida a toda costa, el Obergruppenführer Paul Hausser, comandante del I SS Panzar Corps, tomó la decisión de evacuar la ciudad con el fin de mantener la integridad de sus agotadas unidades.

Sin embargo lo que no sabían la mayoría de los soldados de la Leibstandarte era que la dudosa retirada de Kharkov no era más que el paso inicial de un contraataque de Manstein, el comandante del Grupo de ejércitos Sur. El 17 de febrero, Hausser informó a sus superiores sobre el plan: se les permitiría a los soviéticos avanzar, sólo para ser atrapados por los alemanes y éste sería el movimiento preliminar de una contraofensiva. El 22 de febrero, la Leibstandarte atacó al nordeste, desde Pavlogrado hasta Lozovaya, donde se unió con elementos del Grupo de Ejército Centro que se desplazaban al nordeste, cercando así a un cuerpo blindado soviético bajo el mando de Popov. Aunque algunas unidades soviéticas pudieron cruzar el anillo alemán, el grueso del cuerpo fue totalmente destruido por una espesa cortina de fuego artillero, de carros de combate, infantería y aviación. Los soldados de la Leibstandarte, se lo tomaron como si fuese un “tiro al blanco”, mientras los soldados soviéticos huían desesperadamente.



El 6 de marzo, los alemanes habían conseguido una victoria considerable, al rodear y destruir un gran número de formaciones soviéticas al sur de Kharkov; para los alemanes de la Leibstandarte estas acciones, compensaron las anteriores semanas de lucha defensiva y de desgaste.

De enero a marzo de 1943, el I SS Panzer Corps había sufrido la pérdida de 365 oficiales y 11.154 de otros rangos, de los cuales casi un tercio eran de la Leibstandarte. La victoria de Kharkov supuso, no obstante, un tremendo impulso para la moral alemana y la Leibstandarte recibió muchísimas felicitaciones y recompensas. Indudablemente, a esto ayudó el gran interés de Hitler en “su” división y el hecho de que “Sepp” Dietrich era un viejo camarada y un amigo personal. La Leibstandarte fue recompensada con una gran parte de los honores obtenidos por las Waffen SS, al recibir 14 Cruces de Caballero y otras condecoraciones más altas.

El LSSAH entrando en los suburbios de Kahrkov

Sin embargo las felicitaciones y las recompensas dadas a la Leibstandarte no obedecían a un simple favoritismo de Hitler o a los contactos de Dietrich sino que, por el contrario, reflejaban la admiración sincera por el ejército y confirmaban las excelencias de la Leibstandarte durante las duras batallas del invierno de 1943 y su éxito en estas batallas, que se debió tanto a la rudeza de los soldados SS, su concepto de superioridad militar, como a la inspiración y ejemplo de sus jefes al dirigir desde el frente.

Por César Gil

Más información sobre el LSSAH en este mismo blog. Pinchar aquí

Por último, os dejo un magnífico vídeo de las andanzas del LSSAH en el Éste.



17/4/10

MARPI POINT

Hola a tod@s.

Y diréis... "Que raro que se publique un artículo sobre la Guerra en el Treato de Operaciones del Pacífico". Pues sí; nuestro colaborador habítual, César, nos ha enviado un artículo sobre -Marpi Point-, donde acaecieron uno de los episodios más sangrientos y terribles de la Guerra en el Pacífico.
Evidentemente esto es una excepción en la línea de edición del blog, ya que cómo sabéis, este blog tráta la guerra en el ETO de una manera exclusiva, así que no os preocupéis, que así seguiré...
Os dejo con este artículo, que a buen seguro no dejará indiferente a nadie. Agradecerle a César su nueva colaboración para EG. ¡Muchas gracias!

Las Islas Marianas se encuentran a 1.500 millas de Japón en el Pacífico Central. En 1944, su conquista era de una importancia máxima para el Ejército de los EE.UU.
Las Fuerzas Aéreas querían usar las islas como plataforma de lanzamiento de los Bombarderos B-29 para sus ataques contra objetivos nipones. Las islas eran también cruciales para los japoneses, que tenían 30.000 soldados estacionados en la isla de Saipán para detener el avance de los americanos.



El Día D para Saipan fue el 15 de junio 1944. Veinte mil infantes de marina llegaron a la costa por la noche. El ejército americano sabía que para los japoneses no había posibilidad de rendición. Dos días antes del final de la batalla, el 9 de julio, 3.000 soldados japoneses atacaron a la 27ª División de marines estadounidenses, valiéndose de las armas que les quedaban así como de cualquiera otra que consiguieron improvisar: granadas, rifles, morteros, rocas, espadas y bayonetas oxidados enlazados a palos de bambú. La preferencia japonesa de suicidio antes que rendirse al enemigo, fue habitual durante toda la guerra en el Pacífico. Pero fueron los suicidios de civiles, presas del pánico, en los acantilados de Marpi Point, al norte de la isla, los que marcarían para siempre el recuerdo de las tropas estadounidenses en Saipan.
El corresponsal de la revista Time en el Pacífico, Robert Sherrod, describe los terribles hechos, absolutamente incomprensibles para la mente occidental, que siguieron a la victoria de estadounidense:

“Pensábamos que lo habíamos visto todo, en lo que ha suicidios de militares japoneses se refiere, justo antes de su rendición. Pero no. Aquí ocurría algo diferente. Durante las operaciones de limpieza, un destacamento de infantes de marina en tanques anfibios, vio siete japoneses al borde de un arrecife de coral y fue a su rescate. A medida que se acercaron, seis de los japoneses se arrodillaron en el arrecife. El séptimo, al parecer un oficial, sacando la espada, comenzó metódicamente a decapitar la cabeza de sus hombres. Cuatro cabezas rodaron hacia el mar antes de que los infantes de marina llegasen. Luego el oficial, espada en mano, atacó con furia al carro anfibio. Él y los otros dos japoneses fueron abatidos.Para entonces ya había empezado a oír el cuento fantástico de que algunos de los 20.000 civiles en la isla (de los cuales habíamos capturado a 10.000) se estaban suicidando uno tras otro. Me dirigí hacia el extremo norte de Saipan, a un lugar llamado Marpi Point, donde hay una larga meseta en la que los japoneses habían construido un aeropuerto secundario. Desde el borde de la meseta hay un total de unos 200 pies hasta los dentados arrecifes de coral, y a continuación, el mar ondulante. A la mañana siguiente crucé el campo de vuelo y llegué al borde del acantilado con nueve infantes de marina de una cuadrilla de entierros, que estaban trabajando con unas cuerdas para recoger los cuerpos de dos de nuestros hombres, muertos el día anterior. Le pregunté a uno de ellos sobre las historias que había oído.

Marpi Point

"Si no lo ves, no lo crees", dijo. "Aquí en este acantilado, ayer y antes de ayer había cientos de civiles japoneses: hombres, mujeres y niños; todos listos para el suicidio. La forma más habitual es saltar por el acantilado, o bajar y meterse en el mar. He visto a un padre lanzar a sus tres hijos, y luego saltar él. Los arrecifes de coral de allá abajo, en el acantilado, están llenos de japoneses muertos. "

Hizo una pausa y señaló. “Mira -dijo- hay una a punto de ahogarse ahora" Abajo, una joven japonesa, de no más de 15 años, caminaba de un lado a otro de las rocas. Agitó los brazos, como si como si fuera a lanzarse al agua, se sentó en el borde y dejó que el agua cubriera sus pies. Luego, acabó acomodándose lentamente en el agua.

"Ahí va", gritó el marine.
Una fuerte ola rompió en la orilla, y la muchacha salió flotando con ella. Al principio, estaba en el agua, boca abajo, sin moverse. Pero entonces, al parecer, un instinto último y desesperado de vivir se apoderó de ella y agitó otra vez los brazos, entre la espuma. Aunque ya era demasiado tarde. De repente, todo había terminado: su pantalón negro lleno de aire, flotó en el agua durante diez minutos. Luego desapareció.

El marine, mirando hacia abajo, contó los cuerpos de otras siete personas que se habían matado. Uno de ellos, un niño de unos cinco años, vestido con una harapienta camisa blanca, flotaba inerte en el agua.Me giré para irme. "Esto no es nada", dijo el marine. "Un Km. más abajo, en el lado oeste, se pueden ver cientos de ellos."
Más tarde encontré a un oficial de un dragaminas que había estado operando en el lado oeste. "Allá abajo – me dijo - el mar está tan lleno de cadáveres flotando que no podemos evitar mirar hacia abajo. Vi a una mujer con pantalones color caqui y una blusa blanca de lunares, con su pelo negro rizado flotando en el agua. Me temo que siempre que vea ese tipo de blusa, pensaré en esa mujer. Había otra, desnuda, que se había ahogado mientras daba a luz a un bebé. Un niño de cuatro o cinco años se había ahogado con su brazo apretado alrededor del cuello de un soldado. Los dos cuerpos eran alocadamente sacudidos por las olas. Cientos y cientos de cadáveres de civiles muertos han flotado hasta nuestros dragaminas".

Marines con civiles en Marpi Point

En Marpi Point, los marines habían tratado de desalojar a un francotirador japonés de una cueva en el acantilado. Era un tirador excepcional, que había matado a dos infantes de marina (uno a 700 yardas.) e hirió a otro. Los marines utilizaron fusiles, torpedos y, por último, TNT, en un esfuerzo de 45 minutos para forzar su salida. Pero este japonés, tenía en mente otros planes.
Había localizado a un grupo de japoneses, al parecer, padre, madre y tres hijos entre las rocas, apunto de ahogarse, aunque esto no influyó en su decisión. El francotirador japonés apuntó. Mató al hombre primero, derribándolo en el mar. La segunda bala hirió a la mujer, que se arrastró unos treinta metros a lo largo de las rocas, flotando en una mancha de sangre. El francotirador disparó luego a los niños, pero se encontró con una mujer japonesa en mejor posición y desistió en su intento. Luego salió desafiante de su cueva, y cayó bajo las balas de un centenar de marinos.
Algunos padres habían cortado la garganta de sus hijos antes de tirarlos por el precipicio. Otros los estrangulaban. Unos infantes de marina, vieron con asombro como tres mujeres se sentaron en las rocas tranquilamente, y empezaron a peinarse el cabello largo y negro. Al cabo, se dieron la mano y caminaron lentamente hacia el mar.

Todas las historias que me contaron los marines fueron realmente horribles.

La propaganda del ejército japonés era terrible para los civiles. Les decían que los americanos eran bestias y que si les capturaban les torturarían hasta la muerte. Más de un civil japonés suplicó la muerte de inmediato antes de sufrir la tortura que él esperaba. Muchos otros optaron por el suicidio a pesar de ver a otros que se habían rendido caminar sin ser molestados hacia los campos de internamiento. Por los altavoces, algunos civiles de los que se habían entregado, invitaban a hacer lo mismo a los que aún permanecían escondidos, en un vano intento de evitar su terrible final elegido.

Los marines podían esperar casi cualquier cosa de la autodestrucción de los soldados japoneses. Pero ninguno estaba preparado para esta épica masacre entre la población civil. Más de un americano murió tratando de rescatar a un japonés de su suicidio sin sentido.
Saipan es el primer territorio japonés invadido con gran población civil. ¿Significan los suicidios de Saipan que toda la población japonesa elige la muerte antes de rendirse? Tal vez eso es lo que los japoneses y su miserable propaganda quieren hacernos creer.


Fuente:
http://www.time.com/time/magazine/article/0,9171,8861743,00.html#ixzz0kUjqWV5i


Por César Gil.

Un saludo tod@s.

11/2/10

ENTREVISTA CON EL ESCRITOR, ALFONSO DOMINGO.

Hola a todos; Tenemos la suerte de contar con una entrevista de primera mano con uno de los documentalistas y escritores más reconocidos en temas bélicos contemporáneos en nuestro país, Alfonso Domingo, autor de muchos libros, y sobretodo, el que nos viene más al caso, us "Historia de los Españoles en la SGM", Editorial Almuzara 2009. Alfonso, ha accedido amablemente accedido a esta entrevista para Europa en Guera 1939-1945 que espero que os guste.




Hola Alfonso; un placer poder contar contigo para esta entrevista.

P. Hablemos de la obra. ¿De que trata el libro? ¿Cual es su esencia?

R. Es un libro de historia oral que relata las peripecias de los españoles en la IIGM en todos los frentes y bajo todas las banderas. Los únicos que no he podido incluir, por faltarme el testimonio, son los españoles que vivieron la IIGM en el Pacífico, el resto están contemplados todos: la resistencia en Francia, los campos de exterminio nazis, la División Azul en Rusia, los españoles en el ejército soviético (guerrilla y aviación), los que lucharon en los ejércitos aliados... En fin, está dividido en varios capítulos en los que después de situar la historia concreta de ese grupo de españoles en un marco general, se relatan en forma de entrevista los testimonios de esas personas.


P. ¿Como surgió la idea de escribir un libro sobre las peripecias de los españoles durante la SGM?

R. Siempre me interesó, como periodista, documentalista y narrador, la guerra civil española, algo tan importante que a mi generación (nací en el 55) nos fue hurtado. Tras ocuparme de la guerra civil española y la postguerra (con los maquis, de los que hice documental y libro) era lógico que desembocara en la SGM. En 1999 hice un documental para Documentos TV “El último soldado” sobre la repatriación de los cuerpos de los caídos de la División Azul. Ahí empecé a entrevistar también a españoles que habían luchado con los soviéticos. Luego, con “el canto del búho” entrevisté a muchos guerrilleros que habían hecho también la resistencia en Francia. Más tarde escribí un reportaje sobre los españoles en los campos de concentración. El libro ya estaba ahí, sólo he tenido que ponerme a escribir y a completarlo. Lo hice casi a la vez que el documental para TVE que salió en dos capítulos en septiembre de 2009 en “la noche temática”. Es decir, que aunque lo escribí en unos meses, en realidad se ha gestado en diez años.


P. ¿Te ha resultado difícil la labor de documentación?

R. A veces, ha sido un proceso largo, donde he acumulado mucho material y muchas entrevistas y no todas las he incluido en el libro. Porque el problema de la historia oral es también arduo, y es saber si la persona que te da el testimonio lo está falseando, no por maldad, sino porque la memoria es selectiva, se mezcla con historias que se cuentan luego, que le han pasado a otros, con cosas que se han leído. Esa ha sido para mí la mayor dificultad. He sacado fuera testimonios porque no me los creía. Como el caso de un republicano que estuvo en los campos de concentración, en la resistencia, asistió al desembarco de Normandía y a la liberación de París. Sólo le faltó llegar al bunker de Hitler. Alguno más también porque no me cuadraba lo que me contaba.

P. ¿Has podido contar con testimonios de ex-combatientes?

R. Como te decía, el libro es de historia oral, está basado en eso. Sólo hay un par de historias donde no he podido entrevistar a los protagonistas, pero que me parecen tan increíbles, que las conté: la de Cristino García y los 37 maquis en la batalla de La madeleine y la de los legionarios españoles de Bir-Hakeim (por cierto, el primero que me habló de ellos, tal y como cuento, en medio del desierto del Sahara, fue un libio que había hecho esa batalla).

P. ¿Qué es lo que más te ha sorprendido de nuestros compatriotas? Personajes muy destacados de la SGM, como Hitler o Dronne destacaron la bravura de los españoles.

R. En efecto, la bravura, la valentía, es una de sus principales características, sean de la división azul o de “la Nueve”. El soldado español es de los mejores del mundo a este respecto. Pero también hay que destacar su compañerismo, su camaradería, el afecto y el cariño hacia la población civil (quizá porque venían de una guerra y habían visto morir a muchos civiles, o porque se reflejaban en ellos y veían a sus familias). Asimismo, por otro lado, hay que destacar su feroz individualismo, su rebeldía, su falta de disciplina en ocasiones. Esto, que es casi tópico, cambia al final. Todos los que llevan años combatiendo acaban siendo disciplinados y perdiendo su individualismo en aras del bien común de la causa que defienden.

P. ¿Crees que el papel de los españoles en la SGM ha sido menospreciado de manera injusta?

R. Lo fue por los franceses hasta hace muy poco, por ejemplo, en la resistencia francesa. Tampoco, a pesar de ser modélico, ha sido aireado su ejemplo en los campos de exterminio nazis, donde murieron casi ocho mil de los diez mil que pasaron por ellos. Por supuesto, aquí, con el franquismo, no se le iba a dar importancia, e incluso se ninguneó a los de la División Azul a su regreso, porque era un recuerdo incómodo, los tiempos habían cambiado. En general los españoles no fueron decisivos en el curso de los acontecimientos, pero tuvieron una importancia simbólica o algo más en varios frentes (Rusia, sur de Francia) y en algunos casos, como en la liberación de París, la historia tuvo con ellos una justicia poética. Ahora mismo su papel ya está más cercano a la realidad. Ha habido trabajos de historiadores como Secundino Serrano, Benito Bermejo, Sandra Checa, Daniel Arasa, José Luis Rodríguez, y un largo etcétera que han completado lo que ya escribió Eduardo Pons Prades.

P. En el libro no se menciona a los españoles que participaron en la Batalla de Narvik alistados en la Legión Extranjera francesa. ¿Ha sido difícil encontrar testimonios al respecto?

R. Sí, yo no encontré a ninguno vivo, aunque ese episodio es de los más brillantes y valerosos, y además, al principio de la SGM. Quise tocarlo, al menos citarlo, pero no pude poner todos los momentos protagonizados por españoles que hubiera querido, es una pena, estos libros debían haberse escrito hace veinte años, cuando muchos de los protagonistas aún vivían. Pero esa escalada de la cota en Narvik, avanzando en el hielo y bajo el fuego de ametralladoras es de película. El sargento Gayoso fue un auténtico héroe ese día.

P. ¿Tienes noticias de españoles encuadrados en el ejército inglés o incluso en el italiano?

R. Sí, hay varias unidades (alguna participa incluso en el desembarco de Normandía, pero no los primeros días) sobre todo auxiliares. Hubo legionarios españoles de la legión francesa que cuando el armisticio de Francia y Alemania, embarcan de vuelta a Francia tras haber cruzado el canal huyendo del avance alemán. Pero 300 se niegan en el puerto, y muchos se enrolan en las fuerzas de De Gaulle y otros en el ejército inglés. Hubo, tengo entendido, hasta paracaidistas, comandos en el mediterráneo y desde luego en el norte de África. En cuanto a encuadrados en el ejército italiano no conozco a ninguno.

P. ¿Qué opinión te merece el actual mercado editorial sobre la SGM? Se está hablando mucho de la sobresaturación del mismo.

R. Puede pasar lo que ha pasado aquí con la guerra civil, se ha publicado demasiado, a pesar de que nuestro déficit era muy grande. Con la SGM llegará un momento en que no habrá nada nuevo. Cada vez vemos más monografías sobre protagonistas de segunda fila o asuntos aún oscuros, pero sin embargo, no hay aún buenos libros sobre otros aspectos, como por ejemplo, las batallas que se dieron en Ucrania. Aún hay aspectos por descubrir, pero desde luego, cada vez son menos.

P. Desde algún foro de Internet, se ha criticado tu libro por algunas inexactitudes; ¿Quieres comentar algo a ese respecto?

R. No merece mucho la pena. En concreto, desde la extrema derecha en relación con la división azul. Creo que les ha molestado que sacara el testimonio de José Luis Pinillos, que denuncia que él vio represión a los judíos y que, además, en el documental sacara una película inédita sobre una parodia de corrida de toros que hacen los divisionarios en Rusia. Naturalmente que en la segunda parte de un documental en el que en 60 minutos tienes que meter División azul y españoles en el ejército soviético, no se va a descubrir muchas cosas nuevas. Admito que en el libro hay algún pequeño problema de correcciones –no se pudieron incluir las que yo había hecho a las galeradas- pero son problemas mínimos. Les basta eso para desacreditar todo lo demás, pero no se dan cuenta de que esa rabia que expresan significa que les ha hecho daño por otros motivos, que no tienen que ver con la validez de la obra, sino con su postura ideológica. He intentado ser honrado y honesto con los testimonios de la División Azul. Hay algunos fantásticos, y denuncias sobre los campos de prisioneros soviéticos tremendas. Pero para ellos todo lo que no sea glorificación del fascismo es malo. Qué le vamos a hacer. Eso sí, reconozco que se estudian las cosas y se las leen, hasta el último detalle. Ojalá otros que se dicen de izquierdas hicieran lo mismo.

P. ¿Algún proyecto nuevo a la vista?

R. Varios. Siempre estoy escribiendo algo, y muchas veces tiene que ver con la historia, que es una de mis pasiones (yo hice Ciencias de la Información y ciencias políticas, pero tenía que haber seguido Geografía e Historia también). He acabado de corregir una novela sobre Billy el Niño y los hispanos, el bandido norteamericano de Nuevo México, y he terminado una novela sobre un cuadro desaparecido del Bosco y un pintor anarquista que hace una copia de ese cuadro en la Segunda Guerra Mundial y acaba los campos de concentración. Es ficción, pero procuro documentarme muy bien, porque son temas que conozco.
Y está ya muy avanzada la novela que estoy escribiendo sobre uno de los misterios de la guerra civil (y prometo que es mi último trabajo sobre guerra civil en papel), el de la muerte de la vedette Tina de Jarque, fusilada por los republicanos en 1937, acusada de espionaje. Va a ser algo sorprendente.


Agradecer nuevamente a Alfonso Domingo la concesión de esta entrevista. El es autor del reciente libro; "Historia de los Españoles en la SGM", publicado por Almuzara 2009.


Un saludo a tod@s; espero que os haya gustado.

21/12/09

EL PERSONAJE

Gracias a César, asiduo colaborador de EG, por enviar este interesante artículo sobre...

LEE MILLER; UNA FOTOGRAFA EN LA GUERRA

Lee Miller nació en 1907 en Poughkeepsie, Nueva York, EE.UU. Entró en el mundo de la fotografía como modelo para los grandes fotógrafos de la época, como Edward Steichen, Hoyningen-Huene y Arnold Genthe.

En 1929 se fue a París y trabajó con el conocido artista surrealista y fotógrafo Man Ray, logrando pronto establecer su propio estudio. Se hizo conocida como retratista y fotógrafo de moda, pero destacó especialmente su trabajo fotográfico de imágenes surrealistas. En 1932 volvió a Nueva York y de nuevo creó su propio estudio, que duró dos años y fue un gran éxito. Este estudio se cierra cuando se casa con un acaudalado hombre de negocios egipcio, Aziz Eloui Bey yéndose a vivir con él a El Cairo. Ella se sintió fascinada pronto por los viajes a lo largo del desierto fotografiando aldeas y ruinas. Durante una visita a París, en 1937, conoce a Roland Penrose, el artista surrealista que se convertiría en su segundo marido, y viaja con él a Grecia y Rumania. En 1939 viaja a Londres desde Egipto poco antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Se va a vivir con Roland Penrose desoyendo los consejos de la Embajada de EE.UU. para regresar a su país, y empieza a trabajar como fotógrafo independiente en Vogue.



En 1944 se convirtió en corresponsal acreditado por el Ejército de EE.UU., y se asoció con el fotógrafo de Time Life David E. Scherman. Siguió a las tropas de EE.UU. en Europa en el 'Día D' + 20. Ella fue probablemente la única mujer periodista que cubrió la guerra en Europa y entre las muchas hazañas que presenció destacan el asedio de St Malo, la Liberación de París, los combates en Luxemburgo y en Alsacia, el encuentro de los ejércitos americano y ruso en Torgau, la liberación de Buchenwald y Dachau.

Algunas fotografías realizadas por Miller en el frente:



Fotografió la casa de Hitler y Eva Braun en Munich, y la conocida residencia de Hitler en Berchtesgaden Wachenfeld en llamas, en la víspera de la rendición de Alemania. Penetró profundamente en la Europa del Este, retratando escenas desgarradoras de niños en Viena, así como la vida campesina en la posguerra Húngara y, finalmente, la ejecución del primer ministro, Lazlo Bardossy.

Después de la guerra siguió trabajando para la revista Vogue por un período de dos años, fotografiando moda y a distintas celebridades. En 1947 se casó con Roland Penrose y contribuyó con sus retratos a las biografías de Picasso, Miró, Man Ray y Tapie. Algunos de estos retratos, como los de Picasso, son de los más poderosos e importantes de toda su obra, pero es principalmente por las ingeniosas imágenes surrealistas que impregnan su trabajo, por las que es más recordada.


Por César Gil


Fuente: http://www.leemiller.co.uk/about.aspx

Un saludo.

8/5/09

LA SUBLEVACION DEL GUETO DE VARSOVIA

Y otra vez más, un nuevo artículo de nuestro incansable colaborador, César Gil, sobre la historia del holocausto. En esta ocasión nos trae un excelente reportaje sobre la sublevación del Gueto de Varsovia. Espero que lo disfrutéis.

El plan alemán, para la exterminación de la población judía, era sencillo: primero establecer ghettos para vigilar a los judíos y luego enviarlos a los campos de concentración. Durante la Segunda Guerra Mundial, uno de los ghetos más importantes fue el de Varsovia, en Polonia.
Los primeros planes para aislar a la población judía de Varsovia habían surgido inmediatamente después de la ocupación alemana de Polonia en 1939. Sin embargo, la administración alemana del Gobierno General no estaba completamente organizada al momento, y existían conflictos de intereses entre los tres principales actores: la administración civil, el ejército y las SS. En estas circunstancias, el Consejo Judío, o Judenrat, liderado por Adam Czerniaków, consiguió atrasar el establecimiento del gueto por un año, sobre todo apelando a los militares a considerar a los judíos como un recurso laboral importante.


El 12 de octubre de 1940 se dio lectura por la radio polaca de un comunicado por el cual todos los judíos de Varsovia, tenían que concentrarse hasta el 31 de octubre en un sólo sector. El gueto fue finalmente establecido por el Gobernador General alemán para Polonia, Hans Frank, el 16 de octubre de 1940

En ese entonces, la población del gueto rondaba las 380.000 personas, cerca del 30% del total de habitantes de Varsovia. En cambio, su tamaño ocupaba apenas el 2,4% del territorio. Durante el año y medio siguiente judíos de la ciudad y localidades aledañas menores fueron trasladados forzosamente hacia el gueto. Las enfermedades (sobre todo, fiebre tifoidea) y el hambre reinantes, contribuyeron, sin embargo, a mantener el número de habitantes estable.
Los nazis cerrarían el acceso del gueto de Varsovia al exterior el 16 de noviembre de 1940, cercándolo primero con alambres de púa y luego construyendo un muro de tres metros de altura y 18 kilómetros de largo.



El 22 de julio comenzó la Große Umsiedlungsaktion ("Gran acción de realojamiento"). Tras una primera etapa de deportaciones, aproximadamente 55.000 personas permanecieron en el gueto, ya fuese trabajando en las industrias alemanas o viviendo escondidas.
Fue entonces cuando se formaron la Organización Combatiente Judía ( Z.O.B. ) y la Organización Militar Judía ( Z.Z.W. ) , las siglas están en polaco, que decidieron formar una lucha armada. Para estas dos organizaciones, lo más difícil fue conseguir armas, las cuales finalmente se adquirieron por medio de la resistencia polaca, de comerciantes polacos y de desertores alemanes. Se fabricaron además clandestinamente granadas de mano y bombas Molotow.

El 9 de enero de 1943, el comandante de las SS Himmler visita el gueto y ordena la reanudación de las deportaciones. Nueve días después del comienzo de la segunda expulsión masiva de judíos, ocurre la primera instancia de resistencia armada. Los judíos insurrectos logran cierto éxito: la expulsión se detiene después de cuatro días, y las dos organizaciones principales de lucha pasan a controlar el gueto, construyendo numerosas barricadas y actuando en contra de los judíos colaboracionistas. Durante los tres meses siguientes se preparan para lo que sería la lucha final.

La batalla final sería el 19 de abril. Ese día, los alemanes, comandados por Ferdinand von Sammern-Frankenegg, llegaron con 2.054 soldados para sofocar la rebelión, confiados en que los judíos, al verlos en tal número, se sentirían incapaces y desistirían. Mientras los nazis avanzaban por el desierto gueto, los partisanos judíos, escondidos en ventanas de casas y techos de edificios, esperaban armados con pistolas, fusiles y explosivos. Llegado el momento, atacaron a las tropas que, en un nivel inferior, estaban expuestas desde numerosos flancos. El ataque judío fue sumamente exitoso y forzó a los nazis a replegarse sin ni siquiera poder arrestar a civiles, ya que estos estaban debidamente escondidos en búnkeres subterráneos construidos para la ocasión.



Este suceso provocó la ira de Himmler, quien sustituyó a von Sammern-Frankenegg por Jürgen Stroop, más experimentado en el combate contra partisanos. En los días que siguieron , Stroop, siguiendo las indicaciones de su superior de usar todos los medios necesarios, ordenó la quema de todos los edificios del gueto para obligar a los rebeldes a salir de sus escondites. El área se llenó de llamas y humo negro, aunque los judíos aún resistieron refugiandose en los búnkeres, que sin embargo pronto se mostrarían ineficaces dadas las malas condiciones ambientales para la conservación de la comida y el agua, y la mala calidad del aire viciado por el humo. Muchos judíos murieron gaseados por los nazis en los búnkeres, mientras que otros prefirieron suicidarse saltando de los edificios en llamas. Los supervivientes se escondieron en las alcantarillas, padeciendo un hambre y sed atroces. Sin municiones, no puedieron suicidarse, por lo que pidieron a sus compañeros que los matasen. Para evitar que el incendio pasara los límites del gueto, los bomberos de Varsovia fueron desplegados afuera.


Fotografía tomada por Jurgen Stroop para Himmler


Para el 16 de mayo, Stroop declara que la batalla ha terminado y la sinagoga de la calle Tlomacka es demolida como símbolo del fin de la existencia judía en Varsovia. En total, unos 7.000 judíos murieron en el ataque alemán. Otros 6.000 adicionales se quemaron o asfixiaron en los búnkeres que ellos construyeron. El resto, unos 50.000, fueron enviados a campos de exterminio, principalmente al de Treblinka. En el informe del 13 mayo de 1943, Jürgen Stroop decía:
“180 judíos, bandidos y subhumanos han sido destruidos. El sector judío de Varsovia ya no existe. Las operaciones a gran escala finalizaron a las 20,15 horas al hacer estallar la sinagoga de Varsovia. El número total de judíos con lo que se actuó fue: 56.065, incluyendo judíos capturados y judíos cuya exterminación puede ser probada”.

La mayoría de los edificios del gueto fueron barridos a ras del suelo. En el sitio se estableció el campo de concentración de Varsovia, oficialmente Konzentrationslager Warschau, que se utilizó para encerrar polacos y funcionó también como campo de fusilamiento. Durante el levantamiento de Varsovia, el Armia Krajowa liberó a unos 380 judíos del gueto, que estaban en la cárcel alemana ubicada en la calle Gęsia, hoy en día rebautizada Anielewicz, en honor al comandante del ZOB. Muchos de estos judíos inmediatamente se unieron al Armia Krajowa, al igual que unos pocos judíos que habían estado subsistiendo en las alcantarillas de Varsovia desde el año anterior.
Los líderes del ŻOB, Icchak Cukierman y Zivia Lubetkin sobrevivieron al exterminio del gueto y años después testificaron en el juicio contra Adolf Eichmann en Israel. Ambos murieron en ese país.



Por César Gil.


Fuentes:
Ringelblum, Emanuel. Crónica del gueto de Varsovia, Ed. Alba, 2003, ISBN 84-8870-
www1.yadvashem.org/e 73-
www.fmh.org.ar X.

3/4/09

SOBRE SVEN HASSEL...

Recuerdos tengo muchos, sobre todo de lugares y países en los que nunca he estado; desde el abrasante calor del desierto en el norte de África, hasta los calidos y verdes valles de Italia. Desde las frías estepas rusas hasta las frondosas llanuras francesas.

Recuerdo también la dureza de los días y las noches, el largo invierno del 42 en Stalingrado, el aplastante miedo que te invade al sentir cada vez más cerca el rugido de los T34 y la desmoralizante resistencia de cada maldito habitante de esa ciudad. Todavía me estremezco al pensar en el inútil sacrificio de vidas que supuso el largo asedio de Montecassino, días enteros escondidos en estrechos agujeros, combatiendo metro a metro, centímetro a centímetro hasta acabar entregando al enemigo las ruinas de lo que un mes antes era todavía un espléndido monasterio.

Y cómo olvidar todos esos días en el pelotón disciplinario, el injusto castigo después de tres años de sangrienta lucha. Cómo olvidar el rostro de todos los camaradas que se quedaron en el camino: la loca cordura de Porta, la fuerza y valentía de Hermanito, la sabiduría del Viejo, la veteranía de El Legionario, el fanatismo de Julius Heide; hombres a los que no conocí pero de los que sin embargo tengo un fraternal recuerdo.



A mi no importa si Sven Hassel estuvo o no realmente en todos esos sitios, ni si conoció o no a todas esas personas, ni si combatió ferozmente o inventó todas estas historias en la retaguardia. La polémica cruzada contra él emprendida por el periodista danés Erik Haaest a mi no me interesa lo más mínimo. Lo que el lector busca cuando abre un libro es fundamentalmente que ese libro le entretenga, luego, al terminar la lectura uno juzga lo leído, nunca creo a su autor. Desde que hace más de veinte años abrí por primera vez un libro de Sven nunca supe más de su biografía que la que él mismo nos relata a lo largo de sus catorce títulos publicados. Él me contó lo ocurrido en esa parte de la historia que tanto me apasiona como nunca antes nadie me lo había contado, y con eso me quedo.



Sus libros los guardo como pequeños tesoros desde entonces en mi biblioteca donde siempre han tenido un espacio privilegiado. Todo en ellos es inmejorable, desde sus esplendidas portadas hasta su inigualable precio de entonces, la mayoría no me costaron más de 300 pesetas. Quizás puedan encontrarse todavía en sitios concretos algunos ejemplares en buen estado de aquellas magnificas ediciones de la colección Reno de Plaza Janés. Si van ustedes a la Cuesta del Moyano de Madrid pregunten en el puesto 17.

Para la mayoría de sus lectores Sven Hassel es un autor de culto dentro de la literatura dedicada a la Segunda Guerra Mundial. Para otros sin embargo, sus más feroces detractores, un autentico farsante. Juzguen ustedes por si mismos, lean alguno de sus libros, han sido nuevamente todos editados, lo cual ya dice mucho a su favor; descubrirán que en cualquier caso, su lectura en mayor o menor medida, nunca les dejara indiferentes.



Por. C.Gil

1/3/09

EL PERSONAJE

IRENE SENDLER

Mientras la figura de Oscar Schindler era aclamada por medio mundo gracias a Steven Spielberg, que se inspiró en él para hacer la película que conseguiría siete Oscar en 1993, narrando la vida de este industrial alemán que evitó la muerte de 1.000 judíos en los campos de concentración; Irena Sendler seguía siendo una heroína desconocida fuera de Polonia y apenas reconocida en su país por algunos historiadores, ya que los años de oscurantismo comunista habían borrado su hazaña de los libros de historia oficiales. Además ella nunca contó a nadie nada de su vida durante aquellos años.

Sin embargo, en 1999 su historia empezó a conocerse y fue, curiosamente gracias a un grupo de alumnos de un instituto de Kansas y a su trabajo de final de curso sobre los héroes del Holocausto. En su investigación dieron con muy pocas referencias sobre Irena, sólo había un dato sorprendente: había salvado la vida de 2.500 niños. ¿Cómo es posible que apenas hubiese información sobre una persona así? Pero la gran sorpresa llegó cuando tras buscar el lugar de la tumba de Irena, descubrieron que no existía porque ella aún vivía. Pasó los últimos años de su vida residiendo en un asilo del centro de Varsovia en una habitación donde nunca faltaban ramos de flores y tarjetas de agradecimiento procedentes del mundo entero.

Cuando Alemania invadió el país en 1939, Irena era enfermera en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia el cual manejaba los comedores comunitarios de la ciudad.
En 1942 los nazis crearon un ghetto en Varsovia e Irena horrorizada por las condiciones en que se vivía allí se unió al Consejo para la Ayuda de Judíos. Consiguió identificaciones de la oficina sanitaria, una de cuyas tareas era la lucha contra las enfermedades contagiosas. Como los alemanes invasores tenían miedo de que se desatara una epidemia de tifus, toleraban que los polacos controlaran el recinto.

Pronto se puso en contacto con familias a las que les ofreció llevar a sus hijos fuera del Gueto pero sin poder darles garantías de éxito. Aunque como es lógico las madres y abuelas se resistían a entregar a sus hijos, lo único cierto era que los niños morirían si permanecían en él.
Comenzó a sacarlos en ambulancias como víctimas de tifus, pero pronto se valió de todo lo que estaba a su alcance para esconderlos y sacarlos de allí: cestos de basura, cajas de herramientas, cargamentos de mercaderías, sacos de patatas, ataúdes... en sus manos cualquier elemento se transformaba en una vía de escape. Logró reclutar al menos una persona de cada uno de los diez centros del Departamento de Bienestar Social.

Con su ayuda, elaboró cientos de documentos falsos con firmas falsificadas dando identidades falsas a los niños judíos. Irena vivía los tiempos de la guerra pensando en los tiempos de la paz. Por eso no le alcanzaba con mantener con vida a esos niños. Quería que un día pudieran recuperar sus verdaderos nombres, su identidad, sus historias personales, sus familias.
Entonces ideó un archivo en el que registraba los nombres de los niños y sus nuevas identidades.
Apuntaba los datos en pedazos pequeños de papel y los enterraba dentro de botes de conserva bajo un manzano en el jardín de su vecino. Allí aguardó sin que nadie lo sospechase el pasado de 2.500 niños… hasta que los nazis se marcharon.
Pero un día, los nazis supieron de sus actividades. El 20 de octubre de 1943, Irena Sendler fue detenida por la Gestapo y llevada a la prisión de Pawiak donde fue brutalmente torturada. En un colchón de paja de su celda, encontró una estampa ajada de Jesucristo. La conservó como el resultado de un azar milagroso en aquellos duros momentos de su vida, hasta el año 1979, en que se deshizo de ella y se la obsequió a Juan Pablo II.

Irena era la única que sabía los nombres y las direcciones de las familias que albergaban a los niños judíos; soportó la tortura y se rehusó a traicionar a sus colaboradores o a cualquiera de los niños ocultos. Nadie pudo romper su voluntad. Así que fue sentenciada a muerte. Una sentencia que nunca se cumplió porque camino del lugar de la ejecución, el soldado que la llevaba la dejó escapar. La resistencia le había sobornado porque no querían que Irena muriese con el secreto de la ubicación de los niños. Oficialmente figuraba en las listas de los ejecutados, así que a partir de entonces, Irena continuó trabajando pero con una identidad falsa.

Al finalizar la guerra, ella misma desenterró los frascos y utilizó las notas para encontrar a los 2.500 niños que colocó con familias adoptivas. Los reunió con sus parientes diseminados por toda Europa, aunque la mayoría había perdido a sus familiares en los campos de concentración nazis. Los niños sólo la conocían por su nombre clave: Jolanta. Años más tarde cuando su historia salió en un periódico acompañada de fotos suyas de la época, varias personas empezaron a llamarla para decirla: “Recuerdo tu cara….soy uno de esos niños, te debo mi vida, mi futuro y quisiera verte….”

Irena Sendler llevaba años encadenada a una silla de ruedas, debido a las lesiones que arrastra tras las torturas sufridas por la Gestapo. No se consideraba una heroína. Nunca se adjudicó crédito alguno por sus acciones. "Podría haber hecho más," decía siempre que se la pregunta sobre el tema. "Este lamento me seguirá hasta el día que muera."
Irena Sendler o Sendlerowa fue candidata al Premio Nobel de la Paz en 2007 y falleció en Varsovia el 12 de Mayo de 2008 a los noventa y ocho años de edad.




Fuentes: MIESZWOSKA, A.. La madre de los niños del Holocausto. Editorial Muza.

Por César Gil

18/1/09

EL HOLOCAUSTO VII PARTE

LA CONFERENCIA DE WANNSEE

A finales de 1940, las SS adquirió la suntuosa villa de un empresario, construída en 1914, en un sector elegante de las afueras del sur de Berlin, al borde del lago de Wannsee. La villa fue acondicionada para recibir invitados y celebrar reuniones de las SS. El 20 de enero de 1942, por estricta invitación y presidida por el Jefe de la SD (Sicherheitsdienst) – Servicio de Seguridad – Reinhard Heydrich, se celebró “un coloquio seguido de un aperitivo”, con miembros de las SS, con altos funcionarios y con representantes del partido. El único punto en el orden del día, fue la “solución final de la cuestión judía”.


En enero de 1941, Göering, Himmler y las personas de su entorno, habían encargado a Heydrich en el transcurso de esas reuniones, redactar “algunas propuestas con vistas a poner en marcha el plan de la “solución final”, para después de la guerra. A principios de 1941 el proyecto se basaba en la deportación de todos los judíos de Europa a la URSS, y una vez sometida, encerrarlos en los “campos del Ártico” en Siberia, lugar en el que debían morir en unas condiciones de vida insoportables.


Habían previsto, que inmediatamente después del ataque, los Judíos de la Unión Soviética debían ser separados por las “Einsatzgruppen” (grupos de intervención). Unas semanas después del ataque del 22 de junio de 1942, el asesinato selectivo de únicamente los hombres con capacidad de llevar armas, se transformó en el fusilamiento indiscriminado de todos los Judíos, ancianos, mujeres y niños incluidos.


Buscando a cubrirse las espaldas al más alto nivel, por su responsabilidad en la matanza de los Einsatzgruppen y por su futura carrera de organizador de la solución final, Heydrich obtuvo, a finales de julio, la firma de Göering en un documento redactado por él mismo, que le dejaba total autonomía.


Hasta el mes de septiembre, e invocando la prioridad de una victoria sobre la URSS, Hitler, rechazó la propuesta de los Gauleiter, que pedían la deportación de los Judíos alemanes, así como la propuesta de Heydrich que solicitaba deportaciones parciales. En septiembre de 1941, su autorización, i.e. su orden de deportar a los Judíos del Reich barrió los últimos obstáculos que ponían los jefes de las SS.


Es cierto que se enfrentaban con muchísimos problemas con relación a los lugares provisionales de deportación, mientras se organizaba el transporte a los campos de Siberia. Los administradores alemanes de los ghettos polacos, protestaron en contra de la llegada de los judíos alemanes, y reaccionaron con la matanza de los judíos polacos “para hacer sitio”. Es así como el Gauletier Greiser, a la cabeza del Gau de la Warthe, obtuvo de Himmler la autorización de asesinar a 100.000 Judíos del ghetto de Lodz, incapacitados para el trabajo, asesinato que comenzó el 8 de diciembre de 1941 en Chelmno, en cámaras de gas montadas en camiones. Los fusilamientos en masa de los Judíos letones del ghetto de Riga, empezaron en noviembre de 1941 con la llegada del primer convoy de deportados de Alemania.


A mediados de diciembre de 1941, en el contexto de la declaración de guerra a los Estados Unidos, Hitler, presentó a su gente sus ideas, deseos y nuevas órdenes, bastante más radicales en relación con la “solución final”: la ampliación de la deportación, inicialmente prevista únicamente para los Judíos de Alemania, al total de los Judíos europeos en las zonas bajo control alemán.


Para Heydrich, esta extensión de la orden original de la deportación de todos los Judíos Europeos, confirma sorpresivamente su deseo más antiguo, el de sus plenos poderes. Es, sin lugar a duda, por esta razón que en el último momento canceló la conferencia prevista para el 9 de diciembre de 1941, que finalmente se celebró seis semanas mas tarde. Después del conflicto de poder que surgió en el seno de las más altas instancias y administraciones nazis, con respecto a como resolver la cuestión judía, se optó por adoptar la vía más radical propuesta por las SS, léase las deportaciones y asesinatos.


El propósito de Heydrich, durante la conferencia de Secretarios de Estado del 20 de enero, era el de exponer e imponer su nuevo poder adquirido, para así conseguir una promesa de colaboración por parte de todos los participantes. Pudo existir además otro motivo – Eichmann lo reiteró en varias ocasiones – el deseo de Heydrich de involucrar a los Secretarios de Estado y hacerlos cómplices del genocidio.


Los quince participantes en la “Conferencia de Wannsee”, discutieron sobre la colaboración de sus respectivas administraciones, en vista de la deportación inminente de todos los Judíos de Europa, a los territorios conquistados del Este. El SD tenía previsto deportar hasta once millones de personas. Se informó con todo detalle a los funcionarios, de los métodos de exterminación experimentados en el pasado, y ellos mismos aportaron nuevas propuestas para la mejora de sus servicios. Ninguno de los participantes, dio muestras de tener ningún tipo de principios ni escrúpulos, ante la preparación de un crimen de Estado de tamaña envergadura. Se acordó que la dirección de las operaciones fuese confiada a Heydrich.




Sin embargo, Heydrich no consiguió su objetivo destinado a aumentar el número de personas a deportar, aun más allá de la definición de “judío”, descritas en las leyes de Nuremberg de septiembre 1935,. Heydrich deseaba deportar también a los “medio judíos” y a los cónyuges judíos de parejas “arias” (después de un divorcio obligado). Así el Dr. Stuckart, Secretario de Estado del Ministerio del Interior y autor de leyes y reglamentos contra los judíos, derribó con éxito la intención de Heydrich de definir él mismo quien era judío en el sentido jurídico del término. Fué en la definición de “judío” de Stuckart, que se basaron todas las órdenes de Eichmann con respecto a las deportaciones en Alemania, puestas en práctica después de la Conferencia de Wannsee.

Por lo tanto, la Conferencia de Wannsee no señala ni el momento, ni el lugar de la decisión de asesinar a todos los Judíos - esta decisión fue tomada mucho antes y oralmente por Hitler. en conversaciones con sus más íntimos colaboradores. Así pues, se trató de una conferencia de organización una vez que la decisión fué tomada al más alto nivel. Como consecuencia de esta conferencia, todo el aparato de Estado Alemán se convirtió en cómplice pasivo y activo del genocidio de los Judíos, de los que, alrededor de seis millones de personas serían sus victimas.


Documento anexo: Lista del nº de judios a eliminar en los diferentes países:




Fuentes:

- Dr., Norbert Kampe, historiador y Director General de la Casa de la Conferencia de Wannasee, lugar de recuerdo y de educación.


Por César Gil Feito