El plan alemán, para la exterminación de la población judía, era sencillo: primero establecer ghettos para vigilar a los judíos y luego enviarlos a los campos de concentración. Durante la Segunda Guerra Mundial, uno de los ghetos más importantes fue el de Varsovia, en Polonia.
Los primeros planes para aislar a la población judía de Varsovia habían surgido inmediatamente después de la ocupación alemana de Polonia en 1939. Sin embargo, la administración alemana del Gobierno General no estaba completamente organizada al momento, y existían conflictos de intereses entre los tres principales actores: la administración civil, el ejército y las SS. En estas circunstancias, el Consejo Judío, o Judenrat, liderado por Adam Czerniaków, consiguió atrasar el establecimiento del gueto por un año, sobre todo apelando a los militares a considerar a los judíos como un recurso laboral importante.

El 12 de octubre de 1940 se dio lectura por la radio polaca de un comunicado por el cual todos los judíos de Varsovia, tenían que concentrarse hasta el 31 de octubre en un sólo sector. El gueto fue finalmente establecido por el Gobernador General alemán para Polonia, Hans Frank, el 16 de octubre de 1940
En ese entonces, la población del gueto rondaba las 380.000 personas, cerca del 30% del total de habitantes de Varsovia. En cambio, su tamaño ocupaba apenas el 2,4% del territorio. Durante el año y medio siguiente judíos de la ciudad y localidades aledañas menores fueron trasladados forzosamente hacia el gueto. Las enfermedades (sobre todo, fiebre tifoidea) y el hambre reinantes, contribuyeron, sin embargo, a mantener el número de habitantes estable.
Los nazis cerrarían el acceso del gueto de Varsovia al exterior el 16 de noviembre de 1940, cercándolo primero con alambres de púa y luego construyendo un muro de tres metros de altura y 18 kilómetros de largo.

El 22 de julio comenzó la Große Umsiedlungsaktion ("Gran acción de realojamiento"). Tras una primera etapa de deportaciones, aproximadamente 55.000 personas permanecieron en el gueto, ya fuese trabajando en las industrias alemanas o viviendo escondidas.
Fue entonces cuando se formaron la Organización Combatiente Judía ( Z.O.B. ) y la Organización Militar Judía ( Z.Z.W. ) , las siglas están en polaco, que decidieron formar una lucha armada. Para estas dos organizaciones, lo más difícil fue conseguir armas, las cuales finalmente se adquirieron por medio de la resistencia polaca, de comerciantes polacos y de desertores alemanes. Se fabricaron además clandestinamente granadas de mano y bombas Molotow.
El 9 de enero de 1943, el comandante de las SS Himmler visita el gueto y ordena la reanudación de las deportaciones. Nueve días después del comienzo de la segunda expulsión masiva de judíos, ocurre la primera instancia de resistencia armada. Los judíos insurrectos logran cierto éxito: la expulsión se detiene después de cuatro días, y las dos organizaciones principales de lucha pasan a controlar el gueto, construyendo numerosas barricadas y actuando en contra de los judíos colaboracionistas. Durante los tres meses siguientes se preparan para lo que sería la lucha final.
La batalla final sería el 19 de abril. Ese día, los alemanes, comandados por Ferdinand von Sammern-Frankenegg, llegaron con 2.054 soldados para sofocar la rebelión, confiados en que los judíos, al verlos en tal número, se sentirían incapaces y desistirían. Mientras los nazis avanzaban por el desierto gueto, los partisanos judíos, escondidos en ventanas de casas y techos de edificios, esperaban armados con pistolas, fusiles y explosivos. Llegado el momento, atacaron a las tropas que, en un nivel inferior, estaban expuestas desde numerosos flancos. El ataque judío fue sumamente exitoso y forzó a los nazis a replegarse sin ni siquiera poder arrestar a civiles, ya que estos estaban debidamente escondidos en búnkeres subterráneos construidos para la ocasión.

Este suceso provocó la ira de Himmler, quien sustituyó a von Sammern-Frankenegg por Jürgen Stroop, más experimentado en el combate contra partisanos. En los días que siguieron , Stroop, siguiendo las indicaciones de su superior de usar todos los medios necesarios, ordenó la quema de todos los edificios del gueto para obligar a los rebeldes a salir de sus escondites. El área se llenó de llamas y humo negro, aunque los judíos aún resistieron refugiandose en los búnkeres, que sin embargo pronto se mostrarían ineficaces dadas las malas condiciones ambientales para la conservación de la comida y el agua, y la mala calidad del aire viciado por el humo. Muchos judíos murieron gaseados por los nazis en los búnkeres, mientras que otros prefirieron suicidarse saltando de los edificios en llamas. Los supervivientes se escondieron en las alcantarillas, padeciendo un hambre y sed atroces. Sin municiones, no puedieron suicidarse, por lo que pidieron a sus compañeros que los matasen. Para evitar que el incendio pasara los límites del gueto, los bomberos de Varsovia fueron desplegados afuera.
Para el 16 de mayo, Stroop declara que la batalla ha terminado y la sinagoga de la calle Tlomacka es demolida como símbolo del fin de la existencia judía en Varsovia. En total, unos 7.000 judíos murieron en el ataque alemán. Otros 6.000 adicionales se quemaron o asfixiaron en los búnkeres que ellos construyeron. El resto, unos 50.000, fueron enviados a campos de exterminio, principalmente al de Treblinka. En el informe del 13 mayo de 1943, Jürgen Stroop decía:
“180 judíos, bandidos y subhumanos han sido destruidos. El sector judío de Varsovia ya no existe. Las operaciones a gran escala finalizaron a las 20,15 horas al hacer estallar la sinagoga de Varsovia. El número total de judíos con lo que se actuó fue: 56.065, incluyendo judíos capturados y judíos cuya exterminación puede ser probada”.
La mayoría de los edificios del gueto fueron barridos a ras del suelo. En el sitio se estableció el campo de concentración de Varsovia, oficialmente Konzentrationslager Warschau, que se utilizó para encerrar polacos y funcionó también como campo de fusilamiento. Durante el levantamiento de Varsovia, el Armia Krajowa liberó a unos 380 judíos del gueto, que estaban en la cárcel alemana ubicada en la calle Gęsia, hoy en día rebautizada Anielewicz, en honor al comandante del ZOB. Muchos de estos judíos inmediatamente se unieron al Armia Krajowa, al igual que unos pocos judíos que habían estado subsistiendo en las alcantarillas de Varsovia desde el año anterior.
Los líderes del ŻOB, Icchak Cukierman y Zivia Lubetkin sobrevivieron al exterminio del gueto y años después testificaron en el juicio contra Adolf Eichmann en Israel. Ambos murieron en ese país.

Por César Gil.
Fuentes:
Ringelblum, Emanuel. Crónica del gueto de Varsovia, Ed. Alba, 2003, ISBN 84-8870-
www1.yadvashem.org/e 73-
www.fmh.org.ar X.

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