6/9/10

ROMMEL, UNA MUERTE DESHONROSA

El día 14 de octubre de 1944, la radio alemana emitía una noticia que inundó de dolor y tristeza todos los hogares alemanes. “El mariscal de campo Erwin Rommel, el más famoso y querido generalfeldmarschall del Reich, moría en su hogar de Herrlingen a consecuencia de las graves heridas recibidas en el frente de Normandía el pasado 17 de Julio”.

La realidad fue bien distinta, y probablemente nunca se conozcan todos los detalles que rodearon la muerte de Rommel, pero en base a ciertos hechos, pueden reconstruirse parcialmente los acontecimientos. Tras la fallida conjura del 20 de julio, el jefe de la conspiración, general Von Stülpnagel, después de intentar suicidarse, pronunció en su delirio varias veces el nombre de Rommel, lo cual, causó inmediatas sospechas en la Gestapo. Lo cierto es que si Rommel tenía algún conocimiento del atentado, nunca se unió al grupo ni participó en ninguna de las reuniones de los conspiradores, pero sin embargo, las sospechas estaban cada vez más centradas en él.

El día 7 de septiembre, su jefe de estado mayor, general Hans Speidel, es detenido por la Gestapo en su casa, e inmediatamente Rommel se pone en contacto con el Alto Mando para recibir aclaraciones sobre éste hecho, pero no recibe contestación alguna. Justo un mes después, Keitel le llama a audiencia en Berlín, pero por los consejos de los médicos se niega a realizar el viaje. El mariscal estaba ya al corriente de las sospechas que pesaban sobre él.

El día 13, el V Distrito Militar de Stuttgart le llama anunciándoles la visita de dos generales para el día siguiente; “Vendrán a hablarme de la invasión o de un nuevo destino” le confía a su hijo Manfred. El día 14, los generales Wilhelm Burgdorf y Ernst Maisel llegan a Heirrlingen a mediodía. La conversación dura una hora y en ella ponen al mariscal al corriente de la situación. Por orden de Hitler, Rommel debe elegir entre dos alternativas; someterse a juicio por un Tribunal popular –en el que la sentencia estaba ya dictada- o bien suicidarse con una capsula de cianuro. Rommel escoge ésta última opción y se despide de su mujer, de su hijo, y de su ayudante Aldinger.

Finalmente, Rommel sube en el coche y tras recorre apenas 300 metros el vehículo se detiene. El chofer, un soldado de las SS llamado Doose, recuerdo los hechos. “El general Maisel y yo bajamos del coche y anduvimos unos treinta metros; entonces, Burgdorf nos llamó y volvimos rápidamente. Rommel estaba doblado hacía adelante y su gorra estaba en el suelo del coche. Mientras volvíamos a Herrlingen, Burgdorf me ordenó dirigirme al hospital militar de Ulm porque el mariscal se había sentido mal durante la conversación. Para entonces el glorioso mariscal, héroe de Áfrika, era ya un cadáver.”

Cuatro días después se celebraron los funerales oficiales con la asistencia de altos dignatarios del Reich. Posteriormente, el cadáver fue incinerado y los restos descansan ene el cementerio cercano a su villa de Herrlingen.





Fuente:
Enciclopedia ABC, SGM.
Bundesarchiv

11 comentarios:

Nonsei dijo...

Aunque sea imposible saber el grado de implicación de Rommel en la conspiración, es seguro que la conocía, y que estaba más o menos de acuerdo con los conspiradores. Puede que no en matar a Hitler, pero sí en la necesidad de derrocarle. Pero que yo sepa no hay ninguna prueba de que pensase unirse a ellos.
Es imposible saber qué habría hecho Rommel el día del atentado contra Hitler, si se hubiese mantenido al margen o hubiese actuado de alguna manera, porque fue herido de gravedad sólo tres días antes.
Buen tema. Un saludo.

Félix Gil dijo...

Efectivamente, Nonsei. Probablemente lo que condenó a Rommel fue el estar al corriente de la conspiración no haber avisado sobre ella.

Un saludo.

David Maeztu dijo...

Hola:

Interesante rescatar estos hechos.

Que Rommel no estaba muy contento con la dirección de la guerra se ve en sus memorias. Pero no creo que hubiese ido más allá, creo que se sentía igualmente atado por su juramento de fidelidad.

De igual forma que Guderian, que también relata en sus memorias alguna reunión comprometida pero que tampoco participó.

Y ciertamente, lo del accidente de coche nos impidió ver cual era la actitud real de Rommel ante el golpe de julio. Aunque parece haber consenso en que no se uniría.

un saludo.

Félix Gil dijo...

Hola David.

Bienvenido! Espero verte por aquí a menudo.

Un saludo y gracias por pasarte.

Alberto Boo dijo...

Mhmmm creo que se dejo querer por los conspiradores pero sin llegar a implicarse del todo, de todos modos no deja de ser paradojico que cambiase tanto su actitud, pasando de ser el general mimado de Hitler a su posible sustituto en un hipotético goierno militar.
No olvidemos que medró gracias a su ingenio pero también a la gracia del dictador.

Félix Gil dijo...

Creo que todos concordamos en lo mismo. Como se suele decir, Rommel no se quiso mojar con el tema de la conspiración. Que era consciente, estoy seguro, lo que ocurre es que le pesó mas el ..."y si sale mal"...

Un saludo a todos y bienvenido seas Spitti

Alberto Colombo dijo...

Rommel acaso fue el general mas brillante de la WW2.

Si no se alisto en el complot fue por que quizas sabia que era una locura con pocas chances de llevarse a cabo con eficacia.

Una lastima que este haya sido su final

Javier dijo...

"y si sale mal"... no es precisamente una consideración, que conociendo su estilo táctico, pasara demasiado por la cabeza de Rommel.

Sus superiores Gerdt von Brauchitsch, von Manstein y Gerd von Rundstedt y muchos otros fueron tanteados para unirse al complot, no se implicaron, pero lo mantuvieron oculto, lo que tambien era traición a la vista de Hitler.

A los generales de nivel bajo y oficiales como Stauffenberg o Treskow si los podian enjuiciar, torturar y ejecutar abiertamente, pero no a las prima donna de la whermatch: los aristocratas prusianos.

Ahi habia una patata muy caliente y muy jodida: estaban todos mas o menos pringados en el complot, pero tocar a un "Von" era echarse en contra definitivamente al ejercito, ya bastante descontento por el verano del 44, con el ahorcamiento de Von Witzleben y von Stülpnagel y los sospechosos suicidos de Von Kluge y Beck.

Se opto por ir relevando a los generales que simpatizaban con los conspiradores, pero la ofensa hecha, debia ser castigada de alguna forma, con un campanazo sonado.

La forma ideal era cargarse a un Mariscal de renombre, que no fuera prusiano: todas las papeletas las tenia Rommel...

Rommel era enormemente envididado y criticado por los aristocratas y no tenia muchos amigos en las altas esferas, pero era Mariscal, por lo que era ideal para transmitir el mensaje de lectura interna a los "Von" que estaban al corriente de la conspiración.

El problema era la popularidad de Rommel, dia si y dia tambien portada de Signal, por lo que la salida del suicidio era la ideal.

Rommel dificilmente se apuntaria al complot, por un lado porque el iba por libre y si se saltaba las ordenes del cuerpo de ejercito, mucho mas se saltaria las de una conspiración.

Realmente le dieron el pasaporte por conocer y no denunciar...

Félix Gil dijo...

Interesante comentario Javier. Gracias por pasarpor el blog.

Saludos.

Rebekah dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Rebekah dijo...

Exelente tema!!
Un saludo!