2/5/09

EL BOMBARDEO DE LA ABADIA DE CASSINO

El bombardeo aliado sobre la abadía benedictina de Montecassino fue, sin duda, la decisión más polémica de toda la campaña de Italia y también una de las más discutidas de toda la Segunda Guerra Mundial.

El General Freyberg, principal instigador de está decisión, mantenía que los alemanes habían transformado el monasterios en una fortaleza inexpugnable, en contra de la opinión, de varios altos mandos aliados, entre ellos el comandante de la fuerza aérea, general Ryder, o el jefe del II Cuerpo de Ejercito USA, general Keyes, quien llegó a asegurar que “ninguno de mis hombres sabe de un solo disparo procedente de la abadía”.



El testimonio del general británico Maitland Wilson, apoyó de manera decisiva la decisión de Freyberg. Wilson, sobrevoló a baja altura el monasterio y afirmó haber visto soldados alemanes en el interior de la abadía cuando muy probablemente estos soldados estuvieran evacuando los tesoros artísticos, y entre estos la biblioteca, que albergaba más de sesenta mil documentos, libros e incunables, conservados en histórico y valiosísimo edificio.

Paralelamente, otro acontecimiento, reforzó más aún la decisión de Freyberg, de efectuar el bombardeo. Un oficial de inteligencia norteamericano informó que había sido interceptado un mensaje de radio enemigo. El mensaje preguntaba lo siguiente: “Wo ist der abt? Ist er noch in kloster”; que en castellano sería algo así como: ¿Dónde está el Abt?, ¿está todavía en el monasterio? Este mensaje pudo ser mal interpretado por la inteligencia aliada ya que “Abt” significa en alemán “abad”, pero también significa en la nomenclatura militar alemana, Abteilung, esto es, “destacamento”. Este mensaje fue erróneamente interpretado, ya que se refería al abad del monasterio, Gregorio Diamare, y no a una guarnición militar.

A partir de ese momento, Freyberg solicitó permiso al General Mark Clark, comandante en jefe del V Ejército USA, para bombardear el monasterio, pero éste, haciendo honor a su condición de mal soldado y peor general que solía tomar casi siempre decisiones erróneas y caprichosas, prefirió dejar la resolución final a la más alta autoridad militar aliada en el frente Mediterráneo, el General Alexander, comandante en jefe del XV Grupo de Ejércitos Aliados, quien tomó la decisión de bombardear el Monasterio fundado por el propio San Benito de Nursia, el 15 de febrero de 1944.



Hasta muchos años después de terminar la guerra no se conoció toda la verdad. Con anterioridad a los bombardeos, nunca hubo soldados alemanes en posiciones de combate en el interior de la abadía. El propio Mariscal Kesselring había asegurado a las autoridades del Vaticano que no se ocuparía el monasterio y que ninguno de sus hombres pondría los pies en él. Se estableció una “zona libre” alrededor del edificio en un perímetro de 300 metros, con prohibición expresa de atravesarlo. Los ganaderos de la División Hermann Goering trasladaron todos los archivos y tesoros a Roma, y puestos a salvo junto con el anciano abad Diamare.

El día 15, producido el raid que redujo a escombros todo el conjunto arquitectónico, las tropas alemanas penetraron en el interior del monasterio para ocupar las posiciones en las que habrían de resistir cerca de cuatro meses. Paradójicamente, Winston Churchill reconoce en sus memorias que las ruinas de la abadía dieron mejores oportunidades para la defensa que cuando el monasterio estaba intacto, a la vez que afirmaba; “El quince de febrero, después de advertir plenamente a los monjes, se soltaron cuatrocientas cincuenta toneladas de bombas”.

Aquel día desapareció de la faz de la tierra un legado histórico que era patrimonio de la Humanidad.
Fuente: ABC segunda guerra mundial

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