17/4/10

MARPI POINT

Hola a tod@s.

Y diréis... "Que raro que se publique un artículo sobre la Guerra en el Treato de Operaciones del Pacífico". Pues sí; nuestro colaborador habítual, César, nos ha enviado un artículo sobre -Marpi Point-, donde acaecieron uno de los episodios más sangrientos y terribles de la Guerra en el Pacífico.
Evidentemente esto es una excepción en la línea de edición del blog, ya que cómo sabéis, este blog tráta la guerra en el ETO de una manera exclusiva, así que no os preocupéis, que así seguiré...
Os dejo con este artículo, que a buen seguro no dejará indiferente a nadie. Agradecerle a César su nueva colaboración para EG. ¡Muchas gracias!

Las Islas Marianas se encuentran a 1.500 millas de Japón en el Pacífico Central. En 1944, su conquista era de una importancia máxima para el Ejército de los EE.UU.
Las Fuerzas Aéreas querían usar las islas como plataforma de lanzamiento de los Bombarderos B-29 para sus ataques contra objetivos nipones. Las islas eran también cruciales para los japoneses, que tenían 30.000 soldados estacionados en la isla de Saipán para detener el avance de los americanos.



El Día D para Saipan fue el 15 de junio 1944. Veinte mil infantes de marina llegaron a la costa por la noche. El ejército americano sabía que para los japoneses no había posibilidad de rendición. Dos días antes del final de la batalla, el 9 de julio, 3.000 soldados japoneses atacaron a la 27ª División de marines estadounidenses, valiéndose de las armas que les quedaban así como de cualquiera otra que consiguieron improvisar: granadas, rifles, morteros, rocas, espadas y bayonetas oxidados enlazados a palos de bambú. La preferencia japonesa de suicidio antes que rendirse al enemigo, fue habitual durante toda la guerra en el Pacífico. Pero fueron los suicidios de civiles, presas del pánico, en los acantilados de Marpi Point, al norte de la isla, los que marcarían para siempre el recuerdo de las tropas estadounidenses en Saipan.
El corresponsal de la revista Time en el Pacífico, Robert Sherrod, describe los terribles hechos, absolutamente incomprensibles para la mente occidental, que siguieron a la victoria de estadounidense:

“Pensábamos que lo habíamos visto todo, en lo que ha suicidios de militares japoneses se refiere, justo antes de su rendición. Pero no. Aquí ocurría algo diferente. Durante las operaciones de limpieza, un destacamento de infantes de marina en tanques anfibios, vio siete japoneses al borde de un arrecife de coral y fue a su rescate. A medida que se acercaron, seis de los japoneses se arrodillaron en el arrecife. El séptimo, al parecer un oficial, sacando la espada, comenzó metódicamente a decapitar la cabeza de sus hombres. Cuatro cabezas rodaron hacia el mar antes de que los infantes de marina llegasen. Luego el oficial, espada en mano, atacó con furia al carro anfibio. Él y los otros dos japoneses fueron abatidos.Para entonces ya había empezado a oír el cuento fantástico de que algunos de los 20.000 civiles en la isla (de los cuales habíamos capturado a 10.000) se estaban suicidando uno tras otro. Me dirigí hacia el extremo norte de Saipan, a un lugar llamado Marpi Point, donde hay una larga meseta en la que los japoneses habían construido un aeropuerto secundario. Desde el borde de la meseta hay un total de unos 200 pies hasta los dentados arrecifes de coral, y a continuación, el mar ondulante. A la mañana siguiente crucé el campo de vuelo y llegué al borde del acantilado con nueve infantes de marina de una cuadrilla de entierros, que estaban trabajando con unas cuerdas para recoger los cuerpos de dos de nuestros hombres, muertos el día anterior. Le pregunté a uno de ellos sobre las historias que había oído.

Marpi Point

"Si no lo ves, no lo crees", dijo. "Aquí en este acantilado, ayer y antes de ayer había cientos de civiles japoneses: hombres, mujeres y niños; todos listos para el suicidio. La forma más habitual es saltar por el acantilado, o bajar y meterse en el mar. He visto a un padre lanzar a sus tres hijos, y luego saltar él. Los arrecifes de coral de allá abajo, en el acantilado, están llenos de japoneses muertos. "

Hizo una pausa y señaló. “Mira -dijo- hay una a punto de ahogarse ahora" Abajo, una joven japonesa, de no más de 15 años, caminaba de un lado a otro de las rocas. Agitó los brazos, como si como si fuera a lanzarse al agua, se sentó en el borde y dejó que el agua cubriera sus pies. Luego, acabó acomodándose lentamente en el agua.

"Ahí va", gritó el marine.
Una fuerte ola rompió en la orilla, y la muchacha salió flotando con ella. Al principio, estaba en el agua, boca abajo, sin moverse. Pero entonces, al parecer, un instinto último y desesperado de vivir se apoderó de ella y agitó otra vez los brazos, entre la espuma. Aunque ya era demasiado tarde. De repente, todo había terminado: su pantalón negro lleno de aire, flotó en el agua durante diez minutos. Luego desapareció.

El marine, mirando hacia abajo, contó los cuerpos de otras siete personas que se habían matado. Uno de ellos, un niño de unos cinco años, vestido con una harapienta camisa blanca, flotaba inerte en el agua.Me giré para irme. "Esto no es nada", dijo el marine. "Un Km. más abajo, en el lado oeste, se pueden ver cientos de ellos."
Más tarde encontré a un oficial de un dragaminas que había estado operando en el lado oeste. "Allá abajo – me dijo - el mar está tan lleno de cadáveres flotando que no podemos evitar mirar hacia abajo. Vi a una mujer con pantalones color caqui y una blusa blanca de lunares, con su pelo negro rizado flotando en el agua. Me temo que siempre que vea ese tipo de blusa, pensaré en esa mujer. Había otra, desnuda, que se había ahogado mientras daba a luz a un bebé. Un niño de cuatro o cinco años se había ahogado con su brazo apretado alrededor del cuello de un soldado. Los dos cuerpos eran alocadamente sacudidos por las olas. Cientos y cientos de cadáveres de civiles muertos han flotado hasta nuestros dragaminas".

Marines con civiles en Marpi Point

En Marpi Point, los marines habían tratado de desalojar a un francotirador japonés de una cueva en el acantilado. Era un tirador excepcional, que había matado a dos infantes de marina (uno a 700 yardas.) e hirió a otro. Los marines utilizaron fusiles, torpedos y, por último, TNT, en un esfuerzo de 45 minutos para forzar su salida. Pero este japonés, tenía en mente otros planes.
Había localizado a un grupo de japoneses, al parecer, padre, madre y tres hijos entre las rocas, apunto de ahogarse, aunque esto no influyó en su decisión. El francotirador japonés apuntó. Mató al hombre primero, derribándolo en el mar. La segunda bala hirió a la mujer, que se arrastró unos treinta metros a lo largo de las rocas, flotando en una mancha de sangre. El francotirador disparó luego a los niños, pero se encontró con una mujer japonesa en mejor posición y desistió en su intento. Luego salió desafiante de su cueva, y cayó bajo las balas de un centenar de marinos.
Algunos padres habían cortado la garganta de sus hijos antes de tirarlos por el precipicio. Otros los estrangulaban. Unos infantes de marina, vieron con asombro como tres mujeres se sentaron en las rocas tranquilamente, y empezaron a peinarse el cabello largo y negro. Al cabo, se dieron la mano y caminaron lentamente hacia el mar.

Todas las historias que me contaron los marines fueron realmente horribles.

La propaganda del ejército japonés era terrible para los civiles. Les decían que los americanos eran bestias y que si les capturaban les torturarían hasta la muerte. Más de un civil japonés suplicó la muerte de inmediato antes de sufrir la tortura que él esperaba. Muchos otros optaron por el suicidio a pesar de ver a otros que se habían rendido caminar sin ser molestados hacia los campos de internamiento. Por los altavoces, algunos civiles de los que se habían entregado, invitaban a hacer lo mismo a los que aún permanecían escondidos, en un vano intento de evitar su terrible final elegido.

Los marines podían esperar casi cualquier cosa de la autodestrucción de los soldados japoneses. Pero ninguno estaba preparado para esta épica masacre entre la población civil. Más de un americano murió tratando de rescatar a un japonés de su suicidio sin sentido.
Saipan es el primer territorio japonés invadido con gran población civil. ¿Significan los suicidios de Saipan que toda la población japonesa elige la muerte antes de rendirse? Tal vez eso es lo que los japoneses y su miserable propaganda quieren hacernos creer.


Fuente:
http://www.time.com/time/magazine/article/0,9171,8861743,00.html#ixzz0kUjqWV5i


Por César Gil.

Un saludo tod@s.

1 comentario:

Sonico dijo...

Lo de los suicidios de civiles y soldados japoneses,desde luego es increible,deja de piedra cualquiera...