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12/12/09

LA DIVISION AZUL EN LA REVISTA SIGNAL

Hola a tod@s.

Mientras termino de preparar un artículo sobre la revista de propaganda alemana Signal, que muchos ya conocereis, quisiera traeros un aperitivo del mismo. Se tráta de una selección que he realizado de las Signal que tengo en mi poder en las que aparecen articulos y fotografías referentes a la D.A. Las que os pongo a continuación, pertencen a la edición española de la revista, si bien quiero dejar claro, que todos estos artículos aparecían también en las ediciones de otros países.

Pues nada, espero que os guste. Dentro de poco prometo poner el artículo al completo sobre Signal, en el que repasaré un poco la historia de la revista, sus temas, los países de publicación, los corresponsales etc.


Os dejo con ellas.


Portada de Signal Nº1 de Marzo de 1943.


Se puede leer en portada: "En el Este: Españoles luchan por Europa; "Cruces de Hierro para los más valientes entre los valientes", fueron las palabras del General Alemán".




" Vista, suerte y al toro" El soldado español dice en lugar de nuestro "¡Valor y audacia!", "¡Vista, suerte y al toro!" Signal Nº1 de Marzo de 1943


Lámina del primer General de la D.A, D. Agustín Muñoz Grandes


"Detrás de las líneas de la División Española de Voluntarios al Este de San Petersburgo" Signal Nº 1 de Enero de 1942




Estas dos últimas imágenes forman parte del artículo: "Detrás de las lineas de la D.E.V al Este de San Petersburgo, Signal Nº1 de Enero de 1943"


Un saludo.

29/5/09

LOS ÚLTIMOS ESPAÑOLES DE BERLIN

Hace poco traje al blog un excelente artículo publicado hace tiempo sobre los combatientes en Stalingrado, que gustó bastante (o al menos eso me hicieron saber algunos visitantes). Por eso hoy, tiro de hemeroteca de nuevo para traeros otro sobre los españoles que defendieron hasta el último día Berlín. Españoles que defendieron a toda costa el último anillo de defensa que separaba las tropas soviéticas del bunker de Hitler. Un excelente artículo de Alberto Rojas publicado en 2005 en el diario El Mundo. En este reportaje, aparece el archiconocido, Miguel Ezquerra, del que se ha dicho y escrito mucho, sobre la verosimilitud de sus historias. Yo personalemente le creo. Todos los datos aportados por él, concuerdan en el tiempo y el espacio. De él os hablaré en otra ocasión. Os dejo con el artículo. Espero que sea de vuestro agrado.

"Los últimos defensores de la caverna berlinesa de Hitler no fueron superhombres arios, sino soldados apellidados García, Navarro, Sanchís o Ezquerra. Más de 300 miembros de las SS españoles y un puñado de franceses de la división Charlemagne, voluntarios en unos casos y forzados en otros, fueron reclutados en las calles y las fábricas de la ciudad para participar en el acto final del nazismo. Ahora, cuando se cumplen 60 años de la muerte del mayor tirano de la Historia de la Humanidad, la participación de este grupo de españoles en aquella batalla sigue siendo un misterio.

La caída de los dioses nazis se escenificaba en Berlín y la representaba una tropa exhausta (la germana) y otra con una sed insaciable de venganza (la soviética). Con 20 ejércitos, dos millones y medio de infantes y 40.000 cañones comenzó su asalto el Ejército rojo.

Miguel Ezquerra, un español que había participado en la Guerra Civil como alférez y que fue oficial de la División Azul, era el comandante de aquella tropa heterogénea que mezclaba mecánicos con fanáticos anticomunistas. Sus memorias, Berlín a vida o muerte, relatan cómo cruzó la frontera hacia Francia, cómo entró a formar parte del servicio de espionaje alemán y cómo los nazis le encomendaron la misión de reclutar a todos los hispanos que pudiera para formar un regimiento español de las SS.

Pero... ¿Dónde estaban las todopoderosas unidades panzer que habían conquistado Europa? Las fuerzas alemanas que defendían el barrio de la Cancillería y su búnker ascendían en esas últimas horas de guerra a 4.000 hombres, la mayoría ancianos, niños de 11 a 14 años -de las Juventudes Hitlerianas- y unos 250 pretorianos de la escolta del Führer, más preocupados de fusilar a los desertores que de combatir.

Berlín, pira funeraria para la extrema derecha europea, había perdido dos tercios de sus edificios en los bombardeos aliados.La mitad de su población -cuatro millones de habitantes- había escapado, mientras que los que aún permanecían allí se escondían en refugios y sótanos. Sus calles, llenas de cráteres, hedían a cadaverina. Y cientos de españoles, sin trabajo y hambrientos, paseaban errantes entre sus bloques amputados.

Berlín fue el destino final de algunos ex combatientes de la División Azul (disuelta en 1943) que siguieron al servicio de los nazis. También reunía a trabajadores que habían sido enviados por Franco al principio de la guerra y que se habían quedado en paro después de que los bombardeos aliados acabaran con las fábricas de armamento. Miembros de la Organización Todt (formación del partido nazi), falangistas reclutados desde Madrid y algunos presos españoles en cárceles germanas completaban el grupo.

Algunos llevaban meses a las órdenes de Hitler. Como Ezquerra, que peinó varias ciudades alemanas buscando voluntarios para sus compañías SS. O Antonio Pardo, combatiente de las unidades de la calavera en Viena. O Federico Martínez, SS capturado en Gorizia.

Para otros, el apocalipsis comenzó cuando los soviéticos irrumpieron en Berlín el día 16 de abril. Fue el caso de los trabajadores españoles que dormían en los barracones de la empresa Motorenbau y otras fábricas cercanas a la estación de metro de Niederschöneweide.Ezquerra y su tropa de nazis importados made in Spain reclutaron a todo aquel que hablara castellano y pudiera disparar un arma.Recibieron una breve instrucción en Postdam y se acuartelaron en el Ministerio del Aire. Tenían la misión de defender la Moritz Platz, en el centro berlinés.

Más de 50 soldados españoles pudieron desertar cuando el cerco soviético aún no se había completado. Uno de ellos, llamado Pedro Portela, salió de Berlín el día 18. Según afirma el historiador José Luis Rodríguez Jiménez, escaparon «por la frontera suiza y se escondieron en los campos de refugiados».

Los soviéticos, con una ventaja de uno a 10 en número de soldados, avanzaban con grandes pérdidas por las avenidas berlinesas. El día 25 tomaron el aeropuerto de Tempelhof y el distrito de Mitte.El 26 conquistaron Zehlendorf. El 27 llegaron hasta Spandau y Pankov. Casa por casa. Día y noche.

Durante los bombardeos de la artillería, los españoles tuvieron que resguardarse en la estación de metro de Friedrichstrasse.Tenían vetado la entrada a los refugios antiaéreos. Sólo los civiles alemanes podían pasar. Arios de pura cepa.

Los defensores, entre ellos veteranos de la División Azul, destruyeron decenas de carros T-34 soviéticos y protagonizaron una encarnizada resistencia, pero no pudieron impedir que los ivanes atravesaran los puentes sobre el Landwehr y avanzaran hacia la Cancillería.El día 30, el anillo se cerró sobre el edificio del Reichtag, la Postdammer Platz y la Puerta de Brandemburgo. Obligados a retroceder, los españoles de Ezquerra huyeron, con los carros soviéticos a la espalda, por la Friedrichstrasse, más cicatriz que calle, para atrincherarse cerca del búnker.

Ajenos al suicidio del dictador, que sucedía unos metros más abajo, los supervivientes recibieron la orden de romper el cerco y crear un corredor para poder escapar de la capital del Reich.Junto a los niños de las Hitlerjugend, los españoles se lanzaron al asalto del puente de Havel, en Spandau-West. La mayoría cayó bajo el fuego de ametralladora, que abría claros espantosos entre los asaltantes.

Cuando se hizo evidente que la lucha había terminado, entre las ruinas humeantes de la Postdammer Platz, a pocos metros del búnker, comenzaron a aparecer figuras con el rostro negro, quemado por el fuego. Llevaban puesto un uniforme hecho jirones en el que sólo se distinguían dos rayos plateados en el cuello de la guerrera.

Con los brazos arriba, alguno de ellos balbuceó unas palabras en ruso a sus captores: «Nix SS. Gitler kaputt» (No SS. Muerte a Hitler) y mostró una bandera española cosida en la manga izquierda bajo un águila que los identificaba como miembros de las SS.

El día 31 Berlín capituló. Los pocos españoles que sobrevivieron pasaron nueve años en el gulag, en las cárceles de Stalin."

Extraído de:http://www.elmundo.es/suplementos/cronica/2005/497/1114293609.html

Bibliografía recomendada. Berlín a vida o muerte. Miguel Ezquerra. García Hispán Editores.


9/4/08

LA BATALLA DE KRASNY BOR 1943

Hola a tod@s. Primeramente disculparme por publicar tan tarde pero tengo bastante problemas con internet, además de estar bastante liado en la universidad, pero bueno, ya estamos aquí!
Hurgando en mi archivo he encontrado un articulo que se publicó en 2003, justo 60 años después de la batalla de krasny Bor, en donde unidades de la División Azul lucharon de manera encomiable. Así pues, sin más preámbulos os dejo con el articulo, en el que el divisionario, y superviviente de la batalla, D. Ángel Salamanca, rememora como la nieve se tiño de sangre española.

«Parece que el cielo se va a desplomar encima de ti, que se acaba el mundo, que nadie va a quedar vivo. Faltaban pocos minutos para las siete de la mañana del 10 de febrero de 1943 y había comenzado el miércoles negro en Krasny Bor. La artillería rusa inició el castigo sin piedad.
Los españoles que estábamos en primera línea corrimos a los búnkeres a cobijarnos de los fogonazos de más de 800 cañones que hacían agujeros tan grandes como plazas de toros. La tierra temblaba y el humo hacía difícil la visibilidad. Estábamos escondidos como ratas en el búnker, a 2,5 metros de profundidad. Todo era ruido, fuego, gritos, lodo, nieve y sangre. El termómetro no subía de los 25º bajo cero. Pese al frío, se sudaba, pero no se comía, ni se bebía, ni se fumaba, ni se daban los buenos días.Muchos oficiales, en labores de vigilancia, fueron alcanzados con los primeros bombazos, dejando sin mando a la tropa. Fue ésta una de las claves de la batalla. Se decía que nunca caía un obús o un mortero donde ya había caído otro. Mentira. Caían por cientos, unos encima de otros, y al explotar esparcían metal caliente en todas direcciones.
Cada una de las 800 bocas vomitaba fuego cada 10 segundos, el tiempo necesario para cargar y disparar. Enseguida se sumaron los famosos organillos de Stalin, camiones con plataformas de artillería que disparaban consecutivamente, provocando un ruido atroz, como si fuesen órganos. Tanto poderío militar para el sector tan reducido por el que se peleaba era una barbaridad.La División Azul estaba desplegada en el norte del pueblo de Krasny Bor, en un frente de 20 kilómetros de largo al sur del sitiado Leningrado. Desde 1941 los alemanes habían cercado la ciudad y, en su intento definitivo por acabar con el sitio, los soviéticos habían elegido Krasny Bor.


Estábamos, pues, en el eje de su ataque. Mi unidad, unos 5.000 hombres -aproximadamente un tercio de los efectivos españoles- se encontraba allí.Yo estaba incorporado como sargento a la Quinta Compañía del II Batallón del Regimiento 262, a las órdenes del capitán Teodoro Palacios, quien me destinó a la segunda sección, al mando del alférez Céspedes. A mi cargo tenía un pelotón reducido de 35 hombres. Venía de un larga experiencia en combate en primera línea adquirida en los frentes de Aragón, Madrid y Cataluña durante la Guerra Civil desde agosto de 1936, cuando tenía 17 años. Me enrolé en la División Azul en verano de 1942, en Logroño.Cuando empezaron las hostilidades aquella mañana del 10 de febrero, en realidad hacía ya días que sabíamos que algo gordo se cocía en las filas rusas.

En las trincheras, Radio Macuto informa con mucha antelación. Un ucraniano que se pasó al bando español en la noche del 9 de febrero fue la señal inequívoca de que el ataque era inminente: llevaba ropa interior nueva, una costumbre local antes de la batalla para morir limpios y puros si caían abatidos en combate. Entendimos rápidamente que en pocas horas empezaría el baile. Había tensión, pero no miedo.El fuego de artillería duró más de dos horas, en las que se produjo la mitad de las bajas del día. Al cesar la artillería, comenzaron las pasadas de la aviación enemiga, que hostigaron especialmente a nuestra Quinta Compañía; sólo en el pelotón bajo mi mando hubo una decena de bajas, entre muertos y heridos, en las tres primeras horas. Otras compañías fueron literalmente trituradas.Pese a que el avance terrestre del Ejército Rojo se produjo por cuatro líneas de penetración con una división en cada una -44.000 hombres en total-, se toparon con serias dificultades.



El calor de la artillería había dejado el acceso a nuestras nevadas posiciones como un completo barrizal por donde los carros de combate KV-1 y T-34 quedaban atascados y los esquiadores, empantanados.Pero más importante fue que no esperaban nuestra respuesta. Creían que tras el bombardeo estaríamos todos muertos. Y lo que hicimos fue salir a nuestros puestos, emplazar las máquinas y recibirlos a fuego limpio. Las órdenes del capitán Palacios eran claras: "¡Resistir y resistir!".Aunque la infantería rusa llegaba por oleadas, lo hacía muy desordenada y pudimos repeler los primeros ataques. Había que resistir hasta morir.

Pero iban acumulándose las bajas; entre ellas la del alférez Céspedes. Si había heridos, se les evacuaba. Si había cadáveres, se apartaban para no pisarlos y se seguía disparando. El espectáculo era dantesco. Para coger una pistola y pegarse un tiro.A media mañana, los rusos habían perforado el frente por tres sitios, pero los capitanes Campos, Oroquieta, Aramburu y Palacios resistían a duras penas con seis compañías muy debilitadas. La Luftwaffe no hacía acto de presencia; y la División SS Volkspolizei, situada en la media distancia, no podía auxiliar, pues debía aguantar para hacer frente a una previsible embestida rusa.A mediodía estábamos prácticamente cercados por el flanco izquierdo. Mi sección, sin oficial al mando, era ya un islote con unos pocos supervivientes.


Sólo pude atrincherarme y abrir fuego de costado. Primero con un único tubo de mortero que defendía Joaquín, un cabo de Ponferrada. Cubría su ojo izquierdo con una mano porque le habían pegado un tiro en la cara.Nos retiramos por la trinchera de evacuación y regresé con dos soldados más para recuperar parte de la munición y alimentos del búnker y destruir el resto. Tiramos bombas de mano como locos. Al retirarnos al enclave donde resistía Palacios, éste me dijo: "¡Salamanca, desde este momento eres Medalla Militar!". Acto seguido acudí al sector del puesto de mando. Sólo quedaba operativo un fusil ametrallador, pero causó estragos.Llegaban columnas con medio centenar de hombres que eran abatidos sistemáticamente. Disparábamos ferozmente, sin parar, esperando a que el enemigo se encontrase a menos de 100 metros, disparábamos al bulto. Pero hasta un ciego habría hecho blanco.

Toda la potencia de fuego de la máquina, 1.300 disparos por minuto, provocó una carnicería en las filas enemigas y nos mantuvo con vida. No es que nuestro cañón estuviese caliente, es que estaba al rojo vivo. En la refriega, tres veces cayó el soldado que la servía. Cuando un cuarto soldado me dijo con la mirada: «Sargento, ¿quiere usted que me maten?», decidí empuñar personalmente la ametralladora. Al cabo, los rusos acertaron con una granada de 120 que cayó ante el cañón. Salí despedido cuatro metros, perdiendo el conocimiento momentáneamente, la cara llena de sangre y metralla y una ceguera casi total por el alumbramiento del fogonazo. Fui evacuado al búnker. Luego supe que tenía también una herida de bala en la rodilla.Sin munición, con la mayoría de los supervivientes heridos y los indemnes, agotados, el final estaba próximo. A las tres de la tarde, un soldado entró al búnker: "De parte del capitán, que salgáis todos; estamos hechos prisioneros".


Los 25 heridos salimos y encontramos a otros 18 hombres con las manos en alto con el capitán Palacios al frente. Nos mandaron formar e hicieron un simulacro de fusilamiento pero sólo se tiraron como fieras sobre nuestros relojes y todo lo que llevábamos.El trayecto hasta Kolpino, en fila de a tres, fue entre una alfombra de cadáveres. No nos trataron mal gracias a un jefe de escolta mongol que no debió de haber otro mejor en toda la Unión Soviética. Los 30 detenidos de Oroquieta, con los que enlazamos, recibieron toda suerte de golpes. Al llegar a Kolpino, un enloquecido grupo de mujeres rusas trató de atacarnos, pero el mongol las rechazó a culatazos.Enseguida empezaron los interrogatorios, con las traducciones de un español enrolado en el Ejército soviético. Todo el afán del coronel ruso era saber qué armamento usábamos, hablándonos incluso de un arma secreta de Hitler. «Dice el coronel que habéis causado más de 14.000 bajas, y eso es imposible con ametralladoras y fusiles mauser corrientes», nos informó el republicano español.Luego vino un cautiverio en campos de concentración que se alargó hasta 1954. Las estadísticas hablan de 2.252 bajas españolas (1.125 muertos, 91 desaparecidos y 1.036 heridos) en un solo día.
Otras 1.000 se sumaron en los días posteriores. Aunque los españoles retrocedimos ese día tres kilómetros, los rusos no avanzaron más. Tras intensos combates, el mando soviético ordenó a sus fuerzas pasar a la defensiva. El frente quedó estabilizado durante un año.La batalla de Krasny Bor, con una encomiable resistencia de nuestra División -el 10 de febrero se consiguieron tres de las ocho laureadas de la División Azul en la URSS- enterró una gran ofensiva posterior para romper el cerco de Leningrado. Los divisionarios que luchamos allí y estuvimos cautivos hasta 1954 no supimos qué ocurrió hasta el regreso a España, pero teníamos la creencia de que la ofensiva no había llegado más al sur que Krasny Bor.»
saludos...y seguimos en el frente

26/3/08

DIVISIÓN AZUL. EL LAGO ILMEN

La Hazaña del Lago Ilmen.

Frente de Leningrado, enero de 1942, las Divisiones alemanas sufren el hostigamiento de las divisiones soviéticas sobre sus líneas en el ala derecha. El Grupo de Ejércitos Norte mantenía todavía unos 540 hombre en la aldea de Vsvad, a orillas del Lago Ilmen, pertenecientes a la maltrecha 290ª División de Infantería alemana, sufriendo los continuos ataques del bien entrenado y experto 71 Batallón de esquiadores soviético.

La mañana del 9 de Enero, el comandante en jefe de la División Española de Voluntarios, Agustín Muñoz Grandes, ordenó que se organizara una compañía de esquiadores al mando del Capitán Ordás, de la 5ª Compañía de Anticarro, para auxiliar al reducto alemán en Vsvad. La compañía de esquiadores constaría de 206 hombres y 70 trineos tirados por caballos, partiendo desde Spasspikopez a 30 Km. al Norte del Ilmen.

Sobre el mapa, 30 Km. eran los que separaban a los alemanes del auxilio español, 30 Kilómetros en línea recta, pero a través del helado lago Ilmen. Algo que en principio se creyó una tarea fácil para la imparable 250 División Española, se convirtió en el mayor de los infiernos. La columna española avanzaba a través del lago con unas condiciones climatológicas insufribles, con temperaturas de -53º, a lo que hay que añadir las fuertes ventiscas que hacen que la sensación térmica aumente considerablemente. Además, las grietas en el hielo del lago y los amplios montículos de nieve formados a causa de la ventisca hicieron que su viaje no fuera una línea recta como en un principio creían, sino que se convirtió en un serpenteado continuo que alargó aún más si cabe aquel calvario.


La marcha se cobra las primeras bajas entre los guripas y algunos trineos deben volver con los primeros congelados. Pero tras 24 horas prácticamente ininterrumpidas de marcha la compañía alcanza la aldea de Ustrika al sur del Lago, donde se enlaza con las primeras fuerzas alemanas. La Cía. ha sufrido 102 bajas por congelación y faltan más de treinta trineos. La orden de Muñoz Grandes que les llega vía radiotelegrama es tajante: "Seguid adelante hasta morir, todo por los heroicos defensores de Vsvad. O se les salva o hay que morir con ellos". La Cía. de Esquiadores emprende el avance a 40ºC bajo cero y ocupan la aldea de Sadneie Pole, faltando solo 10 Km. para llegar a Vsvad. Otros 28 hombres han causado baja y ahora, 76 valientes son los únicos efectivos de la Cía. española. El 17, el Tte. Otero de Arce, antiguo jefe de la Compañía de esquiadores, y segundo del Capitán Ordás, se encarga de conducir un grupo de reconocimiento de 36 españoles y 40 letones de la 81ª División al Sur-Este de Pagost Ushin, cruzando y encontrando una fuerte resistencia en Shiloy Tschernez desalojando las posiciones a bayoneta calada en un feroz cuerpo a cuerpo. Al Sur de la aldea de Pinikovo se tropieza con fuerzas soviéticas apoyadas por seis carros T-26, retirándose a una posición más retrasada, donde Otero de Arce y un grupo de soldados frenan el avance de los carros y esquiadores, mientras los demás evacuan a los heridos hacia el Puesto de mando de la Cía. El teniente y los supervivientes se retirarían aprovechando la caída de la noche.

Posteriormente, el Cáp. Ordás recibe la orden de establecer una posición avanzada en una aldea más al norte, Maloye Utschno, enviando 23 españoles y 19 letones comandados por dos alférez. El 19 de enero son fuertemente atacados por carros T-26 y esquiadores con apoyo de la artillería, haciendo frente el Alférez López de Santiago con escasos efectivos y firme en sus posiciones entre las ruinas, al ataque ruso. El Tte. Otero de Arce avanza con 7 de sus españoles y dos Secciones alemanas, con el apoyo de un Panther-IV, hacia Shiloy Tschernez, donde hacía dos días antes habían desalojado a los rusos a punta de bayoneta, entre una tormenta de nieve y el fuego de granadas, encontrándose con el Alf. López de Santiago que se retiraba con 4 españoles y un letón, únicos supervivientes de la avanzadilla de Malote Utschno. El día 21 al amanecer, el Tte. Otero de Arce parte hacia en dirección Este con tan sólo 15 españoles y 5 soldados letones en busca de las fuerzas alemanas de Vsvad que se habían retirado a través del cerco ruso. A las 05:00 h, sobre la superficie helada del lago, se dispara la bengala convenida que es contestada por la señal alemana...


"¡Kameraden, kameraden!". El Cap. Pról., jefe del reducto que aguantaba en Vsvad, y el Tte. Otero de Arce se saludan militarmente y se abrazan efusivamente sobre el hielo. Con sus bajas camino del hospital de Borissovo, el Cáp. Ordás tan sólo cuenta con 34 de sus valientes que, para su desesperación, le son requeridos para contraatacar en el sector Sur del lago, como refuerzo de los efectivos de la 81ª División y varios Panther-IV, en un intento de recuperar Shiloy Tschernez y otras dos aldeas ocupadas por los rusos Sin esperar a la llegada de unidades letonas en su apoyo, los valientes españoles atacaron los objetivos encomendados, con un gran éxito. Increíble pero cierto.

Momento en el que contactan españoles y alemanes en Vsvad

El día 25 de enero, el Cáp. Ordás envía este escueto mensaje a su general: "Salimos doscientos seis hombres y quedamos doce...¡Arriba España!". Posteriormente le fue concedida al Capitán Ordás la Medalla Militar Individual y "La Colectiva" a la Compañía de Esquiadores.

El Mando alemán concedió 34 Cruces de Hierro entre los valientes esquiadores por su valentía y bravura en el combate. Los soldados españoles volvieron a dejar de manifiesto que eran grandes soldados.

Esta es pues, una de las hazañas llevadas a cabo por la División Azul, espero que haya sido de vuestro agrado, y también espero que sirva para contribuir en la medida de mis posibilidades, a honrar la memoria de los soldados españoles que lucharon durante la campaña de Rusia y que en ocasiones son olvidados e incluso criminalizados. Añadir por supuesto que estos no fueron los únicos españoles que lucharon en la SGM. Muchos republicanos fueron los primeros en entrar en Paris en 1944. Prometo un articulo sobre las unidades republicanas en la SGM.

Un saludo a todos, especialmente para el reducto de Vallecas, al que seguro gustara especialmente este post.

...seguimos en el frente

Bibliografia básica sobre el tema:

Arrabales de Leningrado, de Fernando Vadillo, en Garcia Hispán Ed.