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16/5/11

EL PUENTE AÉREO EN STALINGRADO

El aprovisionamiento de las fuerzas alemanas cercadas en Stalingrado fue una labor de titanes. La fuerza aérea alemana que había tomado a su cargo la tarea, no estuvo a la altura de la situación y la operación, fracasó estrepitosamente. Uno de los pilotos que intervino en la misma relata así los acontecimientos:

“Las dos bases de partida estaban a una distancia de doscientos kilómetros de Stalingrado. En el interior de la misma bolsa había cuatro campos de aviación: Pitomnik, Basargino, Gumrak, y Goroditsche. El termómetro cayó pronto hasta 20 y 25 grados bajo cero. Si se producía un recalentamiento, la nieve se transformaría en una masa cenagosa. Así pues, los cambios de temperatura resultaban muy peligrosos.

Un avión Ju-52 se apróxima a uno de los aerodromos de Stalingrado para abastecer a las tropas.

Las bases de partida no tenían pistas de vuelo sólidas. Además, por todas partes se amontonaban mercancías destinadas a Stalingrado. Carburante, municiones y productos alimenticios. El 30 de noviembre, el General Fiebig fue puesto al frente de la operación de suministro. Los aparatos llegaban sin interrupción a las bases. El 1 de diciembre se contaban alrededor de doscientos Ju-52, cien He-111 y veinte Ju-86. Más tarde se emplearon los cuatrimotores He-177, pero estos resultaron rápidamente insuficientes y no estaban a punto para desarrollar este tipo de operaciones. El cuatrimotor FW 200 también se adaptaba mal a operaciones de aquel género, porque requería un personal de tierra altamente cualificado y experto.

Dese los primeros días se vio que no era posible, ni siquiera con buen tiempo, asegurar el transporte de las cantidades de mercancías exigidas. Los rusos estaban al acecho en la entrada de la bolsa, lo que dio lugar a furiosos combates aéreos. Las bombas enemigas abrían profundos embudos en las pistas de aterrizaje y muchos aparatos muy cargados se estrellaban e incendiaban al tocar tierra. Apenas los aviones acababan de parar, los camiones se aproximaban. Manos febriles cargaban la preciosa mercancía, mientras que en el cielo resonaba el estruendo del combate. Soldados heridos yacían en un lado y en otro suplicando y gimiendo que se les sacara de allí. Se los transportaba en las bodegas de los He-111 a retaguardia.

Los mismos aparatos prestaban un esfuerzo considerable. Los motores arrancaban muy mal y, en general, hasta el mediodía no marchaban bien. A veces, incluso rehusaron hacer ningún servicio. Se carecía de todo; desde herramientas hasta calderas móviles. En el interior de la bolsa, el hambre comenzaba a hacerse sentir. Desde los primeros días del cerco, las raciones de los hombres habían sido reducidas a dos tercios de lo normal. A las tropas, los combatientes y expuestas al frío, no se les distribuía a partir del 3 de diciembre, más que dos rebanadas de pan; es decir, 200 gramos y una sopa. En consecuencia, los soldados se debilitaban rápidamente. Cada día aumentaba la proporción de enfermos y heridos. Desde luego, o era solamente el General Fiebig el que sabía lo que ocurría, sino que también las tripulaciones, en contacto con las tropas de la bolsa, se daban perfecta cuenta de todo.

Con frecuencia los aparatos despegaban a pesar de las nubes y la nieve, y en tales circunstancias, las misiones eran más lentas. Los cristales de las carlingas y los parabrisas se cubrían de hielo y perdían sus propiedades aerodinámicas. Con dificultad, los aparatos volaban a través de las tempestades de nieve y llegaban a la base de Pitomnik. Allí todo estaba cubierto por la nieve. Al aterrizar, los aparatos, pesadamente cargados, rodaban hasta que de pronto, la nieve cedía bajo las ruedas y capotaban en los embudos de las bombas.

Nunca se logró la cuota diaria de doscientos aparatos. La cifra más elevada que se alcanzó fue la ciento cincuenta y cuatro aparatos”.

24/10/10

LAS BOFETADAS DEL GENERAL PATTON

Durante la campaña de Sicilia, el General George S. Patton fue protagonista de un episodio que tuvo graves repercusiones en su carrera y que le fue reprochado hasta su muerte, acaecida en Alemania en 1945 en un accidente de coche. Nada mejor que extraer de sus propias memorias este anecdótico hecho, por otro lado, muy acorde con su personalidad y carácter.

“Durante el ataque a Troina, me acerqué al Cuartel General de Bradley que dirigía el ataque, acompañado por el General Lucas. Poco antes de llegar divisé un hospital de campaña en un valle y decidí inspeccionarlo. En el hospital había unos trescientos cincuenta hombres gravemente heridos. Todos soportaban estoicamente su sufrimiento y se interesaban por el desarrollo de la batalla. Poco después de dejar el hospital, vi a un soldado sentado en una caja a pocos kilómetros del centro de recepción. Me detuve y le dije: - “Que te sucede muchacho? - Me respondió; Nada, solo que no lo soporto. Le pregunté que quería decir con eso, y contestó: - No soporto que nadie me dispare - ¿Quieres decir que estás aquí para evitar cumplir con tu deber? Tras esta última pregunta, empezó a llorar y me di cuenta que me encontraba ante un claro caso de histeria. Por eso, le abofetee con el guante y le ordené levantarse, unirse a su sección y portarse como un hombre, y así lo hizo. En realidad había abandonado el frente sin permiso. Estoy convencido de que mi comportamiento fue absolutamente correcto y que si los otros oficiales siguieran mi ejemplo, el vergonzoso uso del estrés de combate o agotamiento de batalla como excusa para la cobardía se habría reducido infinitamente”

El episodio llegó a conocimiento de los altos mandos aliados, los cuales comprendieron pronto la publicidad negativa que de él se derivaría al US Army si la prensa diera cuenta de éstos, algo muy probable, ya que el incidente ocurrió en presencia de algunos miembros de la prensa que seguían siempre a Patton.

Volvamos a las memorias de Patton.

“Después de la comida, el general Blesse, jefe del servicio médico, me llevó una carta de Einsenhower (Ike) en relación con el soldado al que había castigado por lo que me pareció cobardía. [La carta se desarrollaba en un tono bastante irritado] Evidentemente he actuado precipitadamente, sin el adecuado conocimiento. Sin embargo, mi acción había sido correcta, porque no se puede permitir que ocurran casos como éste, que son como una enfermedad infecciosa. Pero admito haberme equivocado en el método y estoy dispuesto a dar todas las excusas necesarias. Me molesta mucho todo cuanto ha sucedido, porque odio enfadar a Ike y querría siempre contentarlo. A las 18 horas ha venido también Lucas para explicarme la actitud de Ike. Mi moral está por los suelos. A las 10 horas he ido a la iglesia en la capilla real. A las 11, he hablado con todos los médicos, enfermeras y soldados que han sido testigos del incidente. Les he mencionado a un amigo mío que, durante la IGM, rehusó combatir y se suicidó. Añadí que había actuado así para evitar la repetición de ésta tragedia”

Como Einsenhower había previsto, el episodio fue conocido y ampliamente difundido por la prensa, y por tanto, entre los lectores americanos particularmente sensibles a las condiciones en las que combatían nuestros muchachos. A Patton se le quitó el mando de sus tropas y sufrió un importante compás de espera en su carrera militar. Tras salir a la luz este incidente, Patton fue apartado de grandes cargos militares y destinado a actividades de segunda línea, hasta 1944, cuando se le destinó al generalato del III Ejercitó americano en la campaña de Normandia donde destacó como uno de los más brillantes generales americanos de toda la guerra.

28/9/10

EN LA LINEA SIGFRIDO

La Línea Sigfrido fue el nombre que dieron los Aliados a una línea defensiva alemana contrapuesta a la Línea Maginot francesa durante la Segunda Guerra Mundial. El nombre que los alemanes dieron a la línea fue Muro del Oeste, siendo la original Línea Sigfrido una sección de la Línea Hindenburg que se había construido durante la Primera Guerra Mundial.


La Línea Sigfrido fue un sistema de defensa a lo largo de 630 km, que consistía en más de 18.000 búnkeres, túneles y trampas para tanques. Empezaba a la altura del poblado de Cléveris, en la frontera sur con Holanda, y terminaba a la altura de Weil am Rhein en la frontera con Suiza. A diferencia de la línea Maginot, fue pensada con propósitos propagandísticos y construida entre 1938 y 1940.

La construcción del Muro del Oeste, como bautizaron los alemanes a la Línea Sigfrido, fue llevada a cabo inicialmente por firmas privadas, pero cuando éstas no pudieron suministrar la cantidad de hombres requeridos, se recurrió a la Organización Todt que logró poner a trabajar a casi medio millón de personas al mismo tiempo. Para aquella época este grupo de construcción no utilizaba todavía mano de obra esclava.

Construyendo un bunker...



Obstaculos levantados por la Organización Todt

Hitler ordenó la construcción del Muro del Oeste como una línea defensiva seria, si bien, desesperado, recurrió a ella al revertirse el curso de la guerra. El objetivo original de la línea era de propaganda. De esta manera, los alemanes veían a la Línea Sigfrido como una afirmación de que la política exterior de Alemania era defensiva, además de que se sentían seguros ante una inminente invasión francesa, como clamaban los nazis.

Al iniciarse la guerra, los aliados permanecieron detrás de sus líneas defensivas al mismo tiempo que vigilaban la línea defensiva enemiga, permitiendo a los alemanes ocupar completamente Polonia y Checoslovaquia. Al finalizar la guerra, los aliados perdieron mucho tiempo desmantelando la línea, distrayéndose de los preparativos que emprendían los alemanes para una nueva ofensiva, posteriormente llamada la Batalla de las Árdenas. Se puede afirmar entonces que en términos de propaganda, el Muro del Oeste fue un éxito, si bien en términos militares fue tan inútil como la Línea Maginot francesa.

El general estadounidense George Patton comentó acerca de la Línea Sigfrido: Las fortificaciones fijas son monumentos a la estupidez de la humanidad.

Por su parte, el general alemán Erwin Rommel jamás confió en el Muro del Oeste como una posibilidad seria de repeler a los aliados. Por el contrario, puso todas sus esperanzas en evitar el desembarco aliado en Europa.

A pesar de que Francia declaró la guerra a Alemania en 1939, no se reportó ningún combate en la Línea Sigfrido y la Línea Maginot. Por el contrario, ambos bandos permanecieron atrincherados en la llamada Guerra en broma. Al empezar la Batalla de Francia, los defensores franceses de la Línea Maginot esperaron en vano un ataque desde la Línea Sigfrido. Si bien se llevaron a cabo unos ataques, éstos fueron de distracción nada más. Concluida la batalla, los alemanes retiraron todas las armas transportables de la Línea Sigfrido y las llevaron a otros teatros de operaciones más activos. Los edificios fueron abandonados y utilizados por los campesinos como depósitos de utensilios de granja.

Cuando los aliados desembarcaron en Normandía, Hitler ordenó el 24 de agosto de 1944 que se renovara la construcción del Muro del Oeste. Veinte mil trabajadores forzados y miembros del Reichsarbeitsdienst fueron llevados a fortificar la línea, la mayor parte de ellos no superaba los 16 años de edad. Trabajadores locales también fueron reclutados para trabajar en las nuevas construcciones, la mayoría de los cuales eran zanjas antitanques. Para aquel entonces ya se había demostrado que los búnkeres no tenían la importancia pasada debido al desarrollo de nuevas armas de asalto, por lo que la mayoría de los nuevos edificios construidos consistían en pequeños refugios para un soldado. Ninguno de estos trabajos cambió significativamente el curso de la guerra a causa de la superioridad aérea aliada.

Infantería alemana parapetada en una posición defensiva en la Línea Sigfrido



En agosto de 1944 los norteamericanos llegaron a la Línea Sigfrido. Inmediatamente se libraron combates a lo largo de toda la estructura, especialmente en Hürtgenwald en el área de Eifel, 20 km al sureste de Aquisgrán. La Batalla de Hürtgenwald se libró en áreas boscosas y se caracterizó por la confusión que reinó en el bando aliado. Se estima que los aliados perdieron unos 30.000 soldados y los alemanes otros 12.000.

Poco a poco los búnkeres fueron siendo tomados, pero los soldados alemanes no se rendían, ya que temían una orden del Alto Mando Alemán que prohibía la rendición bajo pena de muerte. De esta manera se explica que para la primavera de 1945 algunos búnkeres seguían resistiendo.

Muchas secciones de la línea fueron destruidas mediante explosivos, y numerosas minas fueron removidas, no sin cobrar vidas de civiles. Actualmente en las zonas de Westfalia y Eifel se pueden apreciar grandes secciones casi intactas, incluyendo 30 búnkeres.

Por su parte, el Estado alemán ha seguido destruyendo secciones de la línea, a pesar de las oposiciones de grupos de conservación histórica, que aseguran que deben preservarse estas estructuras históricas, de la misma forma que se han preservado los limes romanos.

Estado actual de la línea Sigfrido








Por útlimo, os dejo con un par de vídeos que os ilustrarán mucho mejor, sobre lo que fue y lo que representaba la Línea Sigfrido.

Hiler visita la Línea Sigfrido (sonído bastante malo)



Dientes de dragón en la L.S



http://es.wikipedia.org/wiki/L%C3%ADnea_Sigfrido
http://commons.wikimedia.org/wiki/Siegfried_Line

Saludos.

11/9/10

SEÑALES DE MANO DEL US ARMY

¿Quién no ha visto en alguna serie o película de la SGM, tipo Salvar al soldado Ryan o Hermanos de sangre, las famosas señales que realizan cuando van de patrulla o o se disponen a atacar? Pues bien, aqui os traigo las señales de mano vigentes durante la Segunda Guerra Mundial. Un buen puñado de señales, que nos servirán para entender un poco mejor los sistemas de comunicación en el US Army, y por supuesto a entender mejor determinadas escenas de nuestras series favoritas.






Por último os dejo una parte del capítulo de Carentan, de Hermanos de Sangre, donde se pueden apreciar alguna de estas señales. (También lo pongo porque es una de mis escenas favoritas; no lo he podido resistir)



Fuente ilustraciones:
http://www.hardscrabblefarm.com/ww2/hand_signals.htm


Un saludo.

17/12/09

CRONICAS SIGNAL DESDE EL FRENTE DE BATALLA

Una de mis aficiones dentro de este mundo son las revistas Signal; las famosas revistas de propaganda alemana durante la SGM. Pues bien, los contenidos de esta son de lo más variopinto, y entre éstos encontramos espectaculares crónicas desde los diferentes frentes de batalla, mezcla de romanticismo y realidad que las hace tener un estilo inconfundible.

Asi pues, me he propuesto ir trayendo poco a poco algunas de estas crónicas que a mi parecer resultan interesantes para el lector y que aportan datos curiosos. Espero que no os aburran mucho. Os dejo con la primera de ellas.

UNA PARTE DEL INFIERNO DE STALINGRADO; LA CIUDAD DE 35 KM DE LONGITUD.


Hoy, la cuarta actuación. Naturalmente sobre Stalingrado. Soy ametrallador del comandante que manda la escuadrilla. Comenzarnos a elevarnos sobre el Don: una mirada a los arenosos meandros del río cosaco y después se extiende la niebla sobre el cuadro. Una abertura en las nubes y se contempla abajo Kalatch, que hace semanas era una cabeza de puente duramente disputada. Nos deslizamos a través de de las movedizas nubes hasta que la nieve aclara. Un baño en luz difusa hasta aclarar el límite superior de la capa. Las maquinas surgen de la gigantesca masa como buzos del abismo. Se aboveda sobre nosotros un firmamento cálido y luminoso que forma un arco inconmensurable. Las sutiles gotas de los aviones se deslizan como visas a través de una lente de cuarzo tallado sobre la marea de luz. Libres como jóvenes dioses, cabalgamos sobre prados de nubes blancas como nieve.

Solo antes de llegar al Volga atravesamos esta capa como un ascensor vibrante en el gris amorfo. ¡Otra vez la tierra! Esta sumida en sombras crepusculares. ¡Atención los cazas! Por bellas que sean las torres de nubes en cada momento pueden surgir tras ellas las huestes enemigas. Las cadenas se arrastran y serpentean con intervalos ascendiendo y cayendo sin cesar hacia el Este, hacia Stalingrado.
¡Artillería antiaérea detrás de nosotros! Allí brotan las negras flores de muerte de la artillería antiaérea. Sus baterías se encuentran en la clara isla de arena donde el Volga se escinde en dos brazos. La ciudad está sobre la margen occidental. Una prolongada lombriz de más de 35 Km. de longitud; ¡una lombriz del diablo! Las calles semejan un tablero de ajedrez. Establecimientos industriales y fortificaciones en medio de los barrios habitados. Nos deslizamos a través del humo y del vapor que en anchas columnas se eleva de los bloques de casa incendiados.

¡Picado!

Descendemos. Entre las nubes oscuras de los antiaéreos se mezclan vedijas de humos de la artillería de mediano calibre. Nuestra maquina tiene bastante velocidad. La tierra gira en el abismo ardiente. ¡Prepararse!, grita el comandante y entonces comienza, en lento crescendo., un estrépito infernal que aumente constantemente y que acaba por ensordecer a todos los ruidos e incluso acalla todas las sensaciones. Funcionan las sirenas. Me sujeto con firmeza.

Recibo el picado casi con alivio. Al principio, parece oscilarse como un globo olvidado y se extienden las manos buscando un asidero en el vacío. Pero el cuerpo se habitúa rápidamente a la vertiginosa caída y me vuelvo hacía abajo para ver el objetivo. Los bloques de cas parecen volar hacia nosotros. La violencia de la caída esfuma los contornos hasta que todo se transforma en una confusa marcha amarillenta de color con chispas centellantes.
En el brutal impulso del principio dirijo la mirada hacia el fuselaje, que se eleva vertical en el cielo, y veo a los camaradas lanzándose desde las nubes como una guirnalda que se deshace. Llevamos una velocidad endiablada. Contemplo como macizos rascacielos de cuyas filas de ventanas surgen llamaradas de incendio. El ímpetu de las maquinas nos arrebata irremediablemente de allí. El comandante observa el ataque de su escuadrilla. ¡Puntos que se abaten sobre el grandioso fuego de artificio!. Algo deslumbra que parece magnesio ardiendo o brillante arco voltaico.

Ha oscurecido ya, y sobre las aguas del Volga resurge súbitamente una chispa. Y entonces se eleva un enorme ramillete de fuego rojo y amarillo que en el crepúsculo azulado permanece durante segundos sobre la ciudad incendiada. La antorcha de Stalingrado. Palidece lentamente y con titubeos y se arrastran sobre el río grasientas volutas de humo negro.

¡Mi escuadrilla!

Nuestro aparato es el primero que aterriza y cuando damos con plomo en las piernas los primeros pasos el comandante me tiende un cigarrillo. En el oeste el solo se hunde con fantástica incandescencia. Sobre la llanura se estremece un violado polvo luminoso y la luna creciente se yergue resplandeciente en el sur.

Sobre los tejados.

¿Vuela usted con el capitán K? ¡Ya puede agarrarse!. Le gusta con delirio el vuelo rasante y más de una vez ha barrido las calles de Stalingrado con la corriente de su hélice...” Así me despidieron los camaradas.

Volamos y el capitán canta en voz baja. El motor zumba con uniformidad y casi adormecido. Tenemos buena visibilidad y un viento impetuoso ha barrido la tierra. ¡Va todo tan rápido…! Otra vez gira bajo nosotros la ciudad y las baterías antiaéreas callan porque esta mañana hemos tapado con bombas pesadas las bocas de los enardecidos artilleros. Pasamos a los picados sin vernos molestados. Zumbidos y estruendos, la maquina tiembla y todo el cuerpo se estremece. Todavía más abajo, aún más cerca… dentro de los ondeantes jirones de barro. Pasa el humo rozando la cabina y veo repentinamente la margen del Volga: balsas y gabarras de madera, vigas candentes y voraces llamas.

Habla la ametralladora.

A nuestra izquierda queda Stalingrado; aquí está la fábrica de conservas de pescado por la cual se combate hace ya días. Arde y de sus instalaciones se elevan espirales de humo mientras en sus trémulos flancos se estremece el reflejo de las bombas que hacen explosión. Por encima veo un Ju-87 que gana altura mientras el pesado proyectil cae con velocidad acelerada. ¡Allí está el sitio Mammut de cereales! Sabemos que los soviets han albergado entre sus espesos muros puestos de combate para armas pesadas de infantería y que han transformado en una fortaleza su gigantesca y erguida masa. Vemos a nuestros pies puestos telegráficos. ¡Ya pasaron!

Alarma nocturna.

En nuestro fortín. […] Zumba fuera un motor y empieza clamoroso el estruendo de los antiaéreos. ¡Afuera! Luna llena. En el este se balancea con resplandor anaranjado una bomba luminosa. Llamea y se producen sordas sacudidas. ¡Explosiones de bombas! La artillería antiaérea escupe estrellas y los reflectores resbalan sobre la vía Láctea. ¡Ahí están! UN punto de luz en los tentáculos de los pulpos luminosos. Del avión se desprenden puntos claros. ¡Paracaidistas! ¡Alarma!

El lugar se anima en pocos segundos y las órdenes retumban en la noche. Zumban sin pausa los aviones y detonan las series de bombas. Arde el bosque de encinas secas como yesca, con oscuras llamas rojas.

Lucha sin cuartel.

¡Por la mañana, al mediodía, por la tarde, siempre Stalingrado! Y así desde hace semanas. El enemigo se defiende fantásticamente y nosotros atacamos con fanatismo aún mayor. Otro objetivo: los tanques soviéticos atacan desde el norte y deben aflojar la asfixiante argolla del Volga. Zona de ataque en las cercanías de la estación de Kotluban. Hay una niebla endiablada y la tierra está como cubierta de seda gris. ¡Allí está la estación y el ferrocarril! Toda la trinchera está llena de baterías enemigas empotradas. Comienzan a atronar las sirenas. Curva, amplio círculo y ascenso. ¡Nuevo ataque! Una tupida red de hilos azulado se dirige hacia nosotros y se acerca alevosamente. Disparamos hacia atrás con proyectiles de huella luminosa.

Continuamos volando.

Los heridos que regresan cuentan que cada piedra es un abrigo, cada cas una fortaleza. Si las bombas los destruyen, los escombros son ocupados de nuevo por la noche. El soldado de infantería se abre paso metro a metro hasta Stalingrado.
¡Continuamos volando! Día tras día, operación tras operación. Nos alegramos cuando hay alguna novedad; por ejemplo la de hoy: “hemos cargado bombas incendiarias. Cuando nos separamos del blanco los escombros centellean como un cementerio en día de ánimas. ¡Millares de luces! ¡Te ganamos Stalingrado! ¡Hasta ahora lo hemos tomado todo!


Fuente:
Selección extraida de la Edición especial del Berliner Illustrierte Zeitung. Ediciones El Arquero, 1987.


Saludos.

11/6/09

LA ORGANIZACIÓN TODT

Para la realización del gigantesco programa de fortificaciones emprendido por el Tercer Reich, Hitler decide crear en 1938 una organización adaptada a este tipo de trabajo. Bautizada con el nombre de su máximo jefe y creador junto a Hitler, ingeniero de caminos, Fritz Todt, la Organización Todt (O.T) se encargó en aquellos días de preguerra de la realización de las famosas Autobahn germanas, así como del Westwall –la Línea Sigfrido-, que a lo largo de las fronteras occidentales alemanes cubría un frente de 600 Km. con unos 14.000 puntos fortificados aproximadamente.

Fritz Todt

La Organización Todt estaba compuesta por un pequeño número de consejeros y de ingenieros, tales como Ferdinand Porsche, y técnicos y subordinados a é,l estaban los magnates de la industria del acero, como Alfred Krupp, Wilhelm Flick, Hugo Stinnes y un número enorme de trabajadores extranjeros, entre ellos miles de españoles (1,5 millones con anterioridad a 1944), muchos de los cuales fueron forzados a vivir en condiciones terribles. El programa de trabajo obligatorio de la Organización Todt para los trabajadores extranjeros fue diseñado por Fritz Sauckel. Además de su uso en la construcción supervisada militar, la custodia de los trabajadores auxiliares secuestrados en los territorios ocupados fue transferida a menudo a los patrones franceses y alemanes colaboracionistas que habían tenido contratos militares de las autoridades germanas.



Hitler con Todt, inspecciona una de los múltiples trabajos de la O.T


El 8 de Febreo de 1942, Todt muere en accidente de aviación, sucediéndole en el cargo el ministro de armamento y arquitecto personal de Hitler, Albert Speer, quien impulsa notablemente nuevas construcciones. Concebida como organización para militar al servicio de la Wehrmacht, sus miembros, pese a ser civiles, vestían uniforme caqui y tenían sus propias graduaciones. La O.T, estaba dividida en varias Direcciones Superiores, y éstas, a su vez, en Talleres de trabajo. Sólo en la Francia ocupada existían más de quince Direcciones Superiores que empleaban a miles de obreros, en su mayoría prisioneros de guerra de naciones del Este, franceses, belgas y españoles, refugiados en el país vecino al concluir la Guerra Civil.


Un español, miembro de la Organización Todt.

Casí siempre las fábricas eran requisadas por las autoridades germanas, si bien algunas veces eran contratadas para trabajar con la O.T. Con ello evitaban que sus obreros fueran deportados a Alemania, para incorporarse al Servicio Obligatorio y de la Reserva. El personal contratado percibía un salario que rondaba los 3.000 francos mensuales – el doble que un funcionario administrativo-, aunque el temor a los sabotajes en las obras indujo a las autoridades de la Organización a reducir la contratación de extranjeros.

La obra más impresionante de la O.T, fue sin duda alguna, el Muro del Atlántico, pero otras edificaciones de enorme trascendencia en el curso del conflicto se debieron a su intervención: el cambio del sistema viario de todo el ferrocarril soviético, el Südwall o Muro del mediterráneo, la Línea Gustav en Italia y el Östwall o muro del Este, en Ucrania. Además entre las competencias de la Organización se contaban las reparaciones de estaciones de ferrocarril, carreteras, centrales hidroeléctricas o cualquier obra pública dañada por los bombardeos.

Las famosas Autobahn del Reich, obra de la O.T

Un soldado hace guardia a los pies de la potente "Batterie Todt"


Fuente: Enciclopedia ABC Segunda Guerra Mundial.

25/2/09

LA PROSTITUCIÓN DURANTE LA SGM- II PARTE

II Parte.

Wehrmachtsbordellen en Francia

En Francia, después del Armisticio, la necesidad de vigilar y reglamentar las casas de cita, y tenían como primer objetivo evitar que las tropas alemanas entablaran relaciones personales con mujeres francesas y también para ejercer un control sanitario que evitara la propagación de enfermedades venéreas, pero sobre todo para impedir que los militares alemanes fueran víctimas del espionaje y el terrorismo.

De esa forma, se velaba por la seguridad de los propios soldados, evitando la potencial amenaza que conllevan las citas clandestinas.
Por otro lado, de acuerdo con la doctrina del Partido Nacionalsocialista, los mandos de la OKW (Alto Mando de las Fuerzas Armadas) velaban para que los soldados alemanes tuvieran relaciones con mujeres dentro de los límites que las exigencias de los criterios de raza y política imponían y por sobre todo, para evitar que una relación muy personal con mujeres francesas causara influencia política en los soldados con el peligro consecuente para la moral de las tropas.

En consecuencia, era deseable el reclutamiento de mujeres alemanas, para prestar sus servicios en Francia.

En la segunda mitad de julio de 1940, se inició la organización de los burdeles en Francia. Formaron parte de los equipos de trabajo, el OKW, la policía, la Gestapo y los mandos de los cuerpos de salud de las fuerzas armadas. Dispusieron un plan de reclutamiento de prostitutas en los burdeles.

Primero se las clasificó de acuerdo a una "afiliación por raza" y luego se les sometió a controles sanitarios y policiales, medida que se hizo extensiva a los empleados de los burdeles.Se establecieron también las condiciones de trabajo, los precios y los servicios que prestarían. Imprimieron un catálogo con instrucciones para el buen funcionamiento de la actividad sexual.

Simultneamente la administración del OKH (Comando del Ejército), emitió directivas con el propósito de perseguir y capturar a las mujeres que se sospechara que realizaban la prostitución clandestina.
La prostitución clandestina era perseguida de manera implacable, no solamente para evitar la confraternización y la proliferación de enfermedades, sino para impedir la conformación de redes de espionaje que bajo el manto de esa cobertura, tenían un campo de trabajo ideal para realizar esas actividades.

Sin embargo, algunos soldados violaban el reglamento yendo a burdeles civiles donde las mujeres eran un tanto más atractivas y profesionales, pero si el soldado enfermaba era curado y luego enviado a un Batallón de Castigo en el Frente del Este por un lapso de dos semanas a tres meses.

El caso de los oficiales fue especial en el país galo. Por razones de disciplina, se prohibía a los oficiales concurrir a los burdeles destinados a la tropa. En contraparte, fueron establecidos "hoteles" donde los oficiales podían pasar unas horas en un ambiente adecuado y con la "calidad de servicio" correspondiente a su rango. El sistema de burdeles y hoteles funcionó desde el día de la capitulación, hasta la liberación de Francia en 1944.

En todas las principales ciudades existían casas de cita y se perseguía a las prostitutas clandestinas en calles, bares, hoteles y restaurantes.



Hubo algunos abusos contra mujeres de clase baja que ejercían trabajos como cocineras, limpiadoras de baños etc, que en alguna ocasión fueron acusadas de prostitución al ser sorprendidas en relaciones íntimas con soldados alemanes.
Las reuniones sociales públicas, no eran causa de represión policial y a medida que pasaba el tiempo, las relaciones de amistad o sentimentales entre soldados alemanes y mujeres francesas, dejó de ser considerada confraternización.

Sin embargo por la parte francesa, esas relaciones fueron motivo de brutales venganzas, al finalizar la guerra, cuando se acusaron de colaboracionistas a todas aquellas mujeres que mantuvieron algún tipo de relación más o menos estable con soldados alemanes.
A fines de 1941, en el Distrito A de Francia, que comprendía un tercio de la zona ocupada por Alemania, existían 143 burdeles del ejército donde trabajaban 1166 mujeres.

En el puerto de La Rochelle, trabajaban 250 mujeres francesas, en burdeles reservados a la tropa alemana.

Continuará...


Fuente texto y fotos: http://www.exordio.com/

16/2/09

LA PROSTITUCIÓN DURANTE LA GUERRA

La Wehrmacht fue consciente desde el comienzo de la guerra que los soldados estarían tentados por la diversión, las bebidas alcohólicas y las mujeres que podrían encontrar en la población más cercana a su lugar de estacionamiento. El alcohol y el juego no era mayor problema, pero las relaciones con las mujeres merecían una mayor precaución.

Desde la Campaña de Polonia, las prostitutas locales acarreaban una serie de enfermedades venéreas que causaron importantes contagios entre los soldados. En Francia, por ejemplo, durante todo el período de ocupación, las prostitutas incapacitaron a más soldados, que el Ejército Francés durante la campaña de 1940.

Condones repartidos entre la tropa

Los Wehrmachtsbordellen

Una vez iniciadas las acciones bélicas, la Wehrmacht dispuso de normativas para el control de la prostitución y para alcanzar los fines perseguidos, el Alto Mando ordenó el establecimiento de dos tipos de burdeles ("Wehrmachtsbordellen") controlados.

Los "Burdeles de Guarnición", para las grandes ciudades, donde el número de efectivos concentrados o en tránsito era mayor y los "Burdeles de Campo", que viajaban detrás de las líneas para atender a los soldados del frente, mientras se encontraban de descanso por unos días.Esas unidades de prostitutas eran administradas por la Feldgendarmerie y las Unidades Médicas.

Las mujeres, denominadas en la jerga militar "Offizierdecke" (oficiales de cama) pertenecían a varias categorías. Unas eran las prostitutas profesionales reclutadas en Alemania y los países ocupados. Otra categoría correspondía a mujeres "fáciles", muchas de ellas convictas de crímenes civiles o políticos que preferían ese servicio a realizar trabajos forzados en campos de trabajo. Las otras eran prisioneras de guerra, la mayoría procedentes de las repúblicas soviéticas ocupadas, dispuestas a realizar ese trabajo. Aunque el reclutamiento era voluntario, ha habido denuncias de casos de "trabajo forzado" de mujeres del populacho, pero sólo en poblados del este.Todas esas categorías de mujeres prestaban servicios sexuales exclusivamente para la tropa. Los oficiales tenían servicios separados especialmente en situación de guarnición, con reglas particulares para mantener la categoría de "Hotel" de establecimientos que realmente eran burdeles exclusivos.

En todo caso, la responsabilidad de la administración de los burdeles recaía en el "Ortskommanturen" (Comandante de Área) quien se preocupaba por el mantenimiento de una "Sanierstube" (estación de sanidad) existente en cada burdel. Tanto en los Burdeles de Guarnición como en los Burdeles de Campo el procedimiento era el mismo. Primero el soldado iba al "Sanitatssoldat" para certificar su estado de higiene y salud y recibir un pase. El soldado recibía el Pase con la certificación sellada y fechada. En el Pase estaba el nombre y número del burdel adecuado para el soldado y un espacio para que la prostituta pusiera su firma y número.El soldado recibía un preservativo y una pequeña lata verde o gris con desinfectante en aerosol.

La Policía de Campo revisaba el Pase y lo hacía esperar en la fila correspondiente. Como se quejaban muchos, generalmente la espera en la fila era mayor que el tiempo que el soldado pasaba con la mujer. La mujer tenía que abrir las piernas y el "cliente" le vaciaba el desinfectante en sus genitales. Sólo entonces la mujer firmaba el Pase y ponía su número. Después del servicio el soldado devolvía el Pase y la lata vacía. De no hacerlo, recibía dos semanas de trabajo extra y guardia como castigo.Los manuales de instalación de las estaciones sanitarias con la descripción del procedimiento se titulaban "Heeresverordungsblatt 1943, Richtlinien fur die Einrichtung von Sanierstellen und Durchfuhrung der Sanierung" y "HDv 59. Merkblattes uber Sanierungen".

Este procedimiento dio buenos resultados a juzgar por el número relativamente bajo de enfermedades venéreas producidas en los burdeles militares, pero en caso de ocurrir era fácil localizar a la mujer enferma y a los soldados posiblemente contagiados para su tratamiento médico correspondiente. Entre los años 1939 y 1943, por contagio venéreo de todo tipo, hubo unos 250.000 casos de enfermedades reportadas en el Heeres (Ejército de Tierra). El estado de salud de las prostitutas era responsabilidad del oficial médico del área quien debía disponer la revisión médica de las mujeres dos veces por semana. Hubo un recrudecimiento de enfermedades venéreas en 1942 en Francia, Polonia y en Alemania. La población rusa era mayormente la fuente de contagio.

Las enfermedades se esparcieron al ser portadas por los Hiwis debido a la falta de control sobre sus actividades sexuales y las mujeres que frecuentaban ya fuera por relaciones sentimentales o por comercio sexual.


Continuará...


Fuentes: